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Muchas veces nos hemos hecho crujir los nudillos o, en un masaje de espalda, hemos notado como sonaba un chasquido entre una vértebra y una costilla.

En algunas ocasiones he oído comentarios sobre si es bueno o no, si estos movimientos articulares desencadenan artrosis o si son un signo de eficacia del ejercicio (por ejemplo en el masaje). Veamos estos aspectos uno a uno.

Las articulaciones son complejos de elementos cuya interacción genera un movimiento de palanca. Esta descripción se puede aplicar tanto a las más pequeñas (como las de los dedos) como a las más grandes (como la de la rodilla).

Cuando suena un chasquido al mover una articulación, el funcionamiento de esta combinación de elementos (huesos, tendones, ligamentos, cartílagos y bolsas sinoviales), sufre una pequeña aceleración en alguna parte del movimiento y percuten entre sí dos estructuras duras, resonando de forma característica.

Según este razonamiento, los crujidos no son un signo de buena ni de mala salud articular, sino simplemente una liberación de las estructuras.

Lo que ocurre es que no es normal que una articulación se esté liberando continuamente, por lo que una función que le podemos dar a este chasquido es la de diagnóstico: si una estructura articular suena continuamente, quizá alguno de los elementos que la componen no actúe correctamente.

Por otra parte, no debemos buscar el crujido sin razón, ya que es fruto de un rozamiento brusco entre tejidos duros y, razonablemente, esto generará una erosión que puede desencadenar problemas futuros.

Imágen | Po.psi.que

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