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El precio de la San Silvestre no es el de siempre porque el running también ha cambiado
Carrera

El precio de la San Silvestre no es el de siempre porque el running también ha cambiado

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Decía en twitter esta mañana en tono de broma que "si no te quejas por el precio de la San Silvestre cada año, no eres runner: está en la Constitución". Y es que el día que se abren las inscripciones de la que es una de las carreras más multitudinarias y conocidas de todo el circuito runner de Madrid, es el día oficial de quejarse por su precio. Y no sin razón.

Lo cierto es que desde el año 2013, cuando el dorsal estaba fijado en 20 euros, el precio de la San Silvestre Vallecana no ha dejado de subir, llegando este año a los 23 euros en el caso de la carrera popular si no se dispone de chip propio (que es el caso de la mayoría de los corredores).

Cada año nos quejamos del precio, pero también cada año seguimos comprando el dorsal. Y es que el running no es el mismo deporte que era hace unos años: el running ha evolucionado y, con él, los precios de las carreras.

El crecimiento del running en los últimos años

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En los últimos años el running ha experimentado un crecimiento brutal: ha pasado de ser un deporte de una minoría ("los cuatro esos que salen a correr por la Casa de Campo") a ser el deporte de moda con un grupo del que todos quieren formar parte: todos quieren ser runners.

Correr (porque, al fin y al cabo, es correr) es uno de los deportes más populares entre aquellos que quieren empezar a ponerse en forma porque, aparentemente, no hay nada más fácil: te pones unas zapatillas, pones un pie delante del otro y sigues hacia delante. Ni equipamiento caro, ni cuotas de gimnasio... Solo tu y la carretera.

O bueno, eso piensas al principio, o eso era hace algunos años. Cuando pasan unas semanas o incluso unos meses te das cuenta de que necesitas una prueba de esfuerzo, un estudio de pisada, unas zapatillas ideales para tu manera de pisar, ropa técnica que evacúe el sudor, un frontal por si sales por la noche, elementos reflectantes para asegurarte de que los coches y los ciclistas te ven, unos cascos inalámbricos para que no te molesten los cables, un cinturón especial para llevar llaves y geles... Y ya está.

Que conste que, a excepción del frontal, yo lo tengo todo. Mi vecino de abajo, un señor que ya es abuelo, corría maratones cuando era joven, y cada vez que me ve salir por el portal con toda la parafernalia no puede evitar una risita. Un día le pregunté que cómo hacían antes para calcular las series o las tiradas largas cuando no había pulsómetros de muñeca ni apps: su respuesta fue "salíamos y corríamos, y ya está". Definitivamente, el running ha cambiado desde entonces.

Las carreras también han cambiado... y están cambiando

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Por supuesto, el mundo de las carreras populares ha cambiado de la mano del running: la oferta se ha ampliado hasta límites insospechados. Sin tener que buscar mucho, podríamos correr una carrera cada fin de semana del año sin salir de nuestra comunidad. Y es que el calendario runner ha sufrido un crecimiento atroz.

No solo hablamos de carreras populares urbanas, que suelen ser las más concurridas, sino que también ha aumentado la cantidad de trails de montaña en el calendario, carreras de ultradistancia y ultra-trails y han aparecido modalidades de carrera nuevas como las carreras de obstáculos. Todo esto para satisfacer las necesidades de un público creciente (y exigente).

Ante este crecimiento ahora nos encontramos con una especie de "superpoblación de carreras" que necesitan ser reguladas: los itinerarios de muchas de estas carreras han tenido que ser cambiados (en Madrid ya estamos hablando del eje Recoletos-Prado como "el carreródromo"), algunas licencias no han llegado a los organizadores días antes de la prueba e incluso otras no han podido llevarse a cabo por falta de inscripciones o patrocinadores.

Los runners demandan calidad; la empresas quieren vender su producto

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Los corredores cada día son más exigentes: ya no se entiende una carrera en la que no se regale la camiseta, donde no haya uno o dos avituallamientos o donde no haya unos servicios mínimos para atender al corredor. Pagan una buena suma de dinero para ello.

Las empresas buscan, evidentemente, vender un producto y mantener satisfecho al consumidor. En el caso de la San Silvestre, la empresa (en este caso Last Lap, que la lleva organizando los últimos años) sabe que tiene un tremendo producto entre manos que, prácticamente, se vende solo. Una carrera con 40.000 corredores que se encuentra entre las más caras del país en relación calidad/precio y que, a pesar de ello, sigue agotando dorsales cada año, generalmente en pocos días (incluso en pocas horas).

Si los dorsales de la San Silvestre Vallecana se agotan en poco tiempo también este año, podríamos decir que los 23 euros que cuesta son incluso baratos: existe una demanda brutal del producto que ofrecen.

Imágenes | iStock

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