La mala alimentación pone en riesgo la salud de nuestros dientes

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La inadecuada alimentación forma parte del estilo de vida actual que lleva la mayor porción de la población en el mundo. Éstas características y hábitos de vida generan las típicas enfermedades del siglo XXI que ya conocemos todos.

También sabemos que la salud de nuestros dientes se encuentra íntimamente relacionada con nuestros hábitos alimentarios, pero en la mayoría de los casos no tomamos conciencia de que las enfermedades bucales también requieren de nuestra atención y forman parte de las patologías originadas por el estilo de vida actual.

Esto queda comprobado cuando a diario no tenemos tiempo para sentarnos a comer con tranquilidad o para cocinar algo en nuestra casa y optamos por la comida rápida, rica en azúcares simples y carbohidratos que proveen del sustrato ideal para las bacterias creadoras de caries dentales.

Los odontopediatras se encuentran hoy, verdaderamente preocupados por el panorama que se les presenta, ya que cada vez más chicos acuden a una consulta con el esmalte de los dientes de leche dañado por la mala alimentación y debilitados por ciertos hábitos que provoca la falta de higiene bucal.

Las caries aparecen cada vez más temprano en la infancia, incluso antes del año y medio de edad de los pequeños. Además, se encuentran problemas más severos como destrucción dentaria, lo cual indica la necesidad de ortodoncia.

También es pertinente aclarar que el problema de la alimentación incorrecta se transmite de generación en generación, así como las consecuencias que ésta genera sobre la salud.

Entonces, el cuidado de la salud dental debe iniciarse en la gestación, ya que la alimentación de la madre durante el embarazo es clave para la correcta formación de dientes a partir de la sexta semana de gestación.

El exceso de azúcares y de comida chatarra durante el embarazo pueden interrumpir la adecuada calcificación de los dientes y así, aumentar la probabilidad de desarrollar caries en el bebé.

Después, es importante no prolongar la succión del pecho o mamadera que provoca el llamado “síndrome del biberón” caracterizado por la infección dental producto del sustrato aportado por la leche y su azúcar denominado lactosa.

Los azúcares son el alimento de las bacterias que pueden infectar la boca y provocar la erosión del esmalte dental y las caries. Así, ante el aporte excesivo de azucares simples mediante las típicas golosinas que gustan en demasía a los niños, las bacterias encuentran un clima propicio para su desarrollo y colonización del terreno bucal.

Además, cuando tomamos bebidas carbonatadas o gasificadas la acidez que aportan favorece la destrucción del esmalte que recubre los dientes y si éste clima propicio para las bacterias se prolonga y no se interrumpe con una adecuada limpieza bucal, pues puede llegarse a la ruptura de piezas dentales.

Aunque nosotros restemos importancia a la salud de nuestros dientes y no consideremos como una enfermedad a las caries, debemos saber que el estilo de vida actual no sólo puede afectar nuestro metabolismo interno, la concentración de grasa corporal y nuestro corazón, sino que también, puede desencadenar patologías bucales tan severas y no menos importantes que las otras.

Es hora de que tomemos partido en este ámbito y valoremos los grandes beneficios de una alimentación sana y equilibrada, pues así ganaremos en materia de salud y por supuesto, incrementaremos nuestra calidad de vida a futuro.

Cuidemos nuestra sonrisa para que ésta no sólo sea un gran atractivo estético, sino también, para que sea un indicador de buena salud y felicidad.

Vía | La Nación
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