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El calcio es el constituyente fundamental de los dientes y de los huesos, y el mineral más abundante del organismo humano. Este mineral no sólo permite al hueso la posibilidad de actuar como un fuerte sostén del cuerpo, sino que también contribuye al desarrollo de otras importantes funciones, como la contracción de los músculos y la actividad cardíaca.

Además de introducir en la dieta la cantidad adecuada de calcio, es necesario crear las condiciones para que el organismo lo pueda asimilar y utilizar del mejor modo posible. En este sentido hay que evitar la asociación de los productos lácteos con los cereales integrales, que contienen ácido fólico, una sustancia que reduce la absorción de este mineral en el intestino.

Otro compuesto que tiene efectos parecidos es el ácido oxálico, que está presente en cantidades elevadas en las espinacas y en las acelgas. Mientras que en los productos precocinados se debe prestar especial atención a la presencia de polifosfatos, que son aditivos utilizados en algunos tipos de queso o de jamón cocido, que obstaculizan la asimilación del calcio.

En el mercado existen alimentos enriquecidos con calcio, como leches, yogures, quesos, zumos, chocolates, galletas, etc. que pueden ayudarnos a ese pequeño empujoncito que nos pueda faltar.

Finalmente, recordar que la presencia de este mineral en nuestro organismo esta determinada por la vitamina D. Esta se forma en e organismo cuando la piel se expone al sol; más aún que a través de los alimentos. Por lo tanto, se puede garantizar una buena reserva de vitamina D sencillamente tomando un poco de sol cada día.

Imagen | Tomás Rotgers

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