Consejos para evitar lesionarnos cuando ayudemos en el gimnasio

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En Vitónica hemos resaltado en infinidad de ocasiones la importancia de acudir a entrenar con un compañero, ya que las mejoras en los resultados serán considerables, sobre todo si lo que buscamos es crecer muscularmente hablando. Siempre hacemos hincapié en lo importante que es su apoyo y en cómo debemos entrenar con él. En esta ocasión queremos cambiar en enfoque y ponernos en el lugar del compañero que nos va a ayudar. Por ello vamos a ver cómo debe ayudarnos para que él tampoco se vea lastimado por un exceso de apoyo.

Aunque no lo parezca, cuando ayudamos a un compañero a la hora de entrenar podemos correr el riesgo de lastimarnos si no lo hacemos de la manera correcta, ya que al fin y al cabo estamos levantando peso y cargas que pueden pasarnos factura si no lo hacemos de la manera correcta, ya que el daño que nos podemos causar puede ser muy elevado. Ante todo es importante que sigamos una serie de consejos que nos servirán a la hora de ayudar a un compañero a entrenar y a levantar las cargas con las garantías totales para nosotros.

La colocación adecuada al ayudar

En primer lugar nos vamos a detener en un punto muy importante, la colocación que vamos a tener a la hora de ayudar a un compañero. Siempre debemos buscar ser simplemente una ayuda, nunca los que realicemos el ejercicio ni soportemos el máximo de la carga. Para ello lo necesario es colocarnos en lugares estratégicos en los que entremos en contacto de manera directa con la carga que debemos manejar en cada momento. Tener un acceso directo a la carga nos ayudará a soportarla mejor y prestar una mejor ayuda. Pero no solo esto, sino que hay que tener presentes algunos puntos más.

La colocación de nuestra espalda debe ser fundamental, ya que no debemos cargar toda la tensión en ella, sino que debemos actuar con otras partes del cuerpo. Para conseguir esto lo que haremos será evitar colocarnos rectos y rígidos. La mejor manera de evitar concentrar la tensión en esta parte del cuerpo será apoyarnos completamente en el suelo con las plantas de los pies, abrir ligeramente las piernas y doblar ligeramente las rodilla para que parte de la tensión que desempeñamos sea aguantada por las piernas. No hay que olvidar que al ayudar no experimentamos una fuerza explosiva, sino que seguimos el movimiento del compañero y soportamos una carga por un determinado tiempo, y que por lo tanto lo ideal es repartir bien esta tensión por todo el cuerpo.

Seguir los movimientos del ayudado

Seguir el movimiento del ejercicio es esencial si lo que queremos es ser realmente una ayuda y no hacernos daño en el intento. Al seguir el movimiento lo que haremos será respetar la forma de trabajar de nuestro compañero, algo muy importante si lo que buscamos es que obtenga los mejores resultados y el mayor esfuerzo en ello. Si no hacemos esto lo que conseguiremos será romper su ritmo y hacer que el rendimiento disminuya, de modo que nuestra ayuda aumente y con ella la fuerza que debemos ejercer a la hora de elevar la carga.

Un punto fundamental que hemos querido dejar para el final es el de ayudar solo cuando el compañero lo necesite, ya que sino nunca conseguirá un desarrollo correcto de la musculatura. Ante todo debemos tener presente que simplemente debemos ser un soporte y una seguridad por si nuestro compañero no llega a las repeticiones o no las realiza de la manera completa y correcta. Para ello es necesario que le dejemos realizar el ejercicio por sí solo y que solo actuemos cuando lo necesite o le falten las fuerzas. De este modo conseguiremos actuar en el momento adecuado, potencia su crecimiento muscular, y evitar hacernos daño por repetir muchas veces movimientos que pueden ser negativos para nosotros.

Imagen | bobroche

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