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Aprovechando la encuesta realizada en Vitónica por David Díaz, os queremos hacer llegar un par de grandes consejos para conseguir esos propósitos de verdad de la buena de la Cordelia Fine, Psicóloga y profesora en la Universidad de Macquarie en Australia. Todos nosotros nos hemos propuesto alguna vez algunos propósitos para empezar mejor.

La mayoría de las personas cuando llega el final de año empiezan a elaborar listas y listas de propósitos o acciones que quieren cambiar para la entrada del nuevo año. Pero en algún punto del camino tropezamos y perdemos la motivación, cayendo otra vez en el mismo error. Y lo dejamos para más adelante. Pasa el año entero y te lo vuelves a proponer, y fracasas otra vez.

Para poder lograr un cambio de verdad, tenemos que entender como funciona el cerebro. Debemos de ser conscientes de la vulnerabilidad y fragilidad de nuestro cerebro. ¿Por qué es tan difícil la fuerza de voluntad?. El cerebro no siempre es fiable.

Existen diferentes maneras de influir en el comportamiento de la gente sin que estas sean conscientes de nada. No podemos recopilar toda la información existente basándonos solo en nuestro cerebro consciente. Y es que la conciencia no puede encargarse de todos los procesos que nos rodean, relegando gran parte de ellos nuestro inconsciente.

Una de las acciones más complicadas y arduos es vencer a uno mismo. Resistir a las tentaciones, ya sea fumar, la comida, la pereza, etc no es fácil. El cerebro consciente es el encargado de las tareas que requieren una concentración en la tarea.

¿Por qué fracasamos?

Es bastante sencillo, este cerebro consciente nuestro es muy malo con las tareas múltiples, y cuando llevamos demasiadas cosas a la vez se colapsa. Este es el motivo principal de que cuando nos pongamos tantos propósitos de año nueva nunca los cumplamos.

Porque estamos relegando al consciente con demasiadas tareas de las que no puede estar pendiente. Por ello, la mejor solución es la de proponerle una sola tarea y concentrarse en ella.

En vez de proponernos un propósito de año nuevo, diciendo “voy a dejar de comer dulces” o “voy a dejar de fumar”, llevar a cabo pequeños retos y modificaciones cada día, quitando el hábito poco a poco, o introduciéndolo, como puede ser “estudiar más”.


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Un claro ejemplo

Cuando estés en casa y te apetezca comer dulces, no los comas. Quizá la próxima vez si, pero poco a poco ve eliminando esos momentos cada vez más. O alguien que fume. Decide no fumar después de la comida hoy, y mañana no fumar justo al levantarte, y pasado no fumarás durante la cena con tus amigos, etc.

Y es que parece ser que este tipo de intenciones pequeñas, a corto plazo , tienen efectos positivos en el cerebro. También debemos tener en cuenta que los cambios de ánimo también afectan a nuestra fuerza de voluntad.

Sabiendo esto, si tenemos un altibajo por nuestro ánimo, nos puede debilitar mucho. Por ejemplo hemos empezado a comer bien, una dieta sana y equilibrada y lo estamos cumpliendo, vas viendo los resultados y te sientes genial. En un simple momento de estrés por el trabajo nuestro consciente se olvida de este propósito nuestro y buscará a todo coste esos alimentos que tratamos de evitar para sentirse bien de manera inmediata.

Es este circuito, llamado circuito de recompensa el que impera en nuestro organismo, donde entran en juego protagonistas tan influyentes como la dopmaina , un neurotransmisor muy importante. Un circuito totalmente primitivo que lo que busca no es que te salga bien tu trabajo o tus propósitos, si no la supervivencia y la sensación de placer inmediata.

Así que recordad, pequeños cambios o metas que podamos cumplir cada día será lo que afianzará los nuevos patrones de nuestra conducta. Cuanto más tiempo seamos capaces de mantenerlo en el tiempo, menos serán las posibilidades de volver a caer.

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En Vitónica | Encuesta: ¿Cuál es tu propósito saludable para el 2011?

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