
¿Quién de nosotros no ha tenido un disgusto alguna vez en su vida? Seguro que frente a esta pregunta no podemos contestar con una negativa, ya que las discusiones y los malentendidos están a la orden del día. Cuando nos disgustamos en nuestro cuerpo se desencadenan una serie de reacciones que según un estudio realizado por la Universidad de California en San Diego, pueden acabar por provocarnos una enfermedad cardiaca y numerosos trastornos coronarios.
La clave de este estudio y de esta conclusión está en el pulso, que se acelera cuando padecemos un disgusto. Este fenómeno es algo natural en el ser humano, ya que el cuerpo se prepara ante una situación de emergencia para actuar, y por ello se acelera el pulso, para que todo nuestro cuerpo tenga el aporte de riego sanguíneo que necesita si tiene que defenderse de ese peligro que representa la situación que nos disgusta.




