
Estamos acostumbrados a escuchar que la lactancia materna es la mejor manera de alimentar al bebe para protegerle de enfermedades y conseguir que se críe más fuerte. Esta afirmación no solo es cierta, sino que además, la lactancia infantil es la mejor manera de prevenir la obesidad de ese niño. Esta afirmación está respaldada por un estudio llevado a cabo por el Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn).
Según este estudio la gestación y la lactancia son dos momentos importantes a la hora de determinar si el bebe puede correr el riesgo de estar obeso en un futuro. La alimentación de la madre, y varias sustancias que se trasmiten al bebe a través de la leche materna parecen ser la clave de este sucedo. Una de las culpables precisamente de que evitemos la obesidad de nuestro hijo es la leptina, una hormona que llevan consigo las proteínas de la leche materna y que en el futuro será la que disponga si nuestro hijo correrá o no el riesgo de ser obeso.

Según un estudio de la Universidad de Cambridge la hormona leptina suprime el apetito al disminuir el placer que se obtiene cuando comemos. En estudios llevados a cabo en personas con deficiencia congénita de leptina se vio en imágenes cerebrales como al administrarles una terapia con leptina el placer por comer disminuía.

