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Anemia hemolítica y anemia ferropénica: causas, síntomas, tratamiento y diferencias entre ellas
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Anemia hemolítica y anemia ferropénica: causas, síntomas, tratamiento y diferencias entre ellas

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Como su nombre indica, la anemia indica una "falta de sangre". Esto, sin embargo, puede ocurrir por varias razones. Dos de las más conocidas son la anemia ferropénica y la anemia hemolítica.

Aunque ambas se diferencian mucho en causas, síntomas y tratamientos, ambas tienen como punto en común este problema con la falta de glóbulos rojos. ¿Por qué se producen y de qué manera? Hoy las vemos.

Dos tipos de anemia, entre otras

Los dos tipos más conocidos, y precisamente por sus diferencias, son la anemia ferropénica y la hemolítica. Mientras que la primera es una anemia debida a cuestiones relacionadas con la falta de hierro, la segunda es una enfermedad que puede resultar muy grave y su origen es variado. Por ello, vamos a comenzar hablando de sus puntos comunes, pero las separaremos un poco más adelante.

En primer lugar, ambas anemias, fieles a su nombre, se caracterizan por mostrar una falta de glóbulos rojos en sangre. Esto implica un transporte deficiente de oxígeno y puede llevar como consecuencia la debilidad, el mal funcionamiento orgánico, cambios de humor, desnutrición... En los casos más graves puede suponer un debilitamiento incapacitante y hasta la muerte.

Aunque separamos la anemia en dos, en realidad pueden existir más causas de esta enfermedad. Finalmente, las manifestaciones son parecidas debido a la falta de eritrocitos, aunque su intensidad y efectos difieren según el tipo.

Anemia ferropénica, todo lo que necesitas saber

Este tipo de anemia, como decíamos, ocurre normalmente por la falta de hierro, pero también puede suceder por la falta de otro nutriente. Esto impediría una correcta absorción u otros problemas, como las microhemorragias, que terminarían por hacer disminuir el número de glóbulos rojos disponibles en la sangre.

Enfermedades como la celiaquía, el síndrome del colon irritable u otras similares pueden provocar la aparición de la anemia ferropénica por culpa de una malabsorción. Por otro lado, las microhemorragias en la parte final del tracto digestivo también son causa frecuente de una pérdida de sangre inadvertida que puede derivar en una anemia seria.

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En la gran mayoría de los casos, este tipo de anemia se debe a un problema nutricional o a los hábitos de vida, además de alguna posible patología asociada como las que comentábamos. Normalmente, es una anemia ligera, que empieza a dar la cara en manifestaciones cotidianas como el cansancio o el mal humor. Solo en casos específicos, al padecer otra enfermedad o en edades avanzadas, suele suponer un peligro serio para la salud.

La anemia ferropénica aparece en diversos estadios dependientes de la "reserva" de hierro que tengamos disponibles. La solución suele ir de la mano de un control nutricional más o menos estricto, la suplementación de hierro o el tratamiento de la enfermedad o lesión que está provocando la anemia ferropénica. Otro apartado importante es la prevención, que podemos obtener con una alimentación adecuada y unos buenos hábitos de vida.

Anemia hemolítica, todo lo que necesitas saber

En este caso, nos encontramos ante un problema bastante más grave. A diferencia de la anterior, la falta de glóbulos rojos no se debe a la pérdida por sangre o falta de nutrientes sino a su ruptura. Estas células mueren rápidamente en comparación con otras sanas. La razón de ello es variada: puede ser un componente genético, una infección o una enfermedad autoinmune.

Se pueden encontrar restos hemolíticos en diversas partes del cuerpo: desde el torrente sanguíneo a la orina, en algunos casos, dependiendo de cómo se produce la ruptura de los eritrocitos. También puede existir un defecto en los glóbulos rojos, que se diferencian claramente en tres tipos: el tipo A, debido a una deformación molecular en el interior de la célula; el tipo B, que ocurre a nivel de la estructura de la membrana celular; o el tipo C, propio del medioambiente celular, que es donde se incluiría una enfermedad autoinmune o un ataque químico por parte de un fármaco, por ejemplo.

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Las consecuencias de una anemia hemolítica suelen ser mucho más severas y rápidas que las de una ferropénica, aunque depende de la evolución de la enfermedad. La debilidad, el malestar, el fallo orgánico, el dolor y mareos, la arritmia y otras manifestaciones pueden darse de forma bastante intensa. Para la anemia debida a la deformación tipo A y B, la transfusión de glóbulos rojos normales y la esplenectomía, la extirpación del bazo, suelen ser los tratamientos más comunes, y efectivos. La idea es surtir al cuerpo con glóbulos rojos "sin defectos".

Para deformación de tipo C, la transfusión de glóbulos rojos no tiene sentido ya que el problema viene, precisamente, de un ataque externo, por lo que el problema seguirá persistiendo. En cambio, se recomienda el tratamiento con Corticoides, el cual mejora la vida de los eritrocitos. En ambos casos, tanto para la anemia ferropénica como para la hemolítica, es vital consultar con un médico que nos oriente y nos ayude a atajar el problema.

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