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Los trastornos de la alimentación: así funciona cada uno de ellos
Enfermedades

Los trastornos de la alimentación: así funciona cada uno de ellos

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Padecer un trastorno alimenticio es un grave problema por varios motivos. El primero y más evidente es que no podemos evitar la comida. Una persona con un problema con el alcohol, las drogas o el juego, por ejemplo, puede intentar alejarse de esos factores para llevar una vida normal. Una persona que sufre por la comida debe aprender a replantearse su relación con ella.

Otro motivo es que un trastorno alimenticio es una patología más compleja de lo que parece a simple vista: aunque de partida el problema sea la comida y el peso, suele haber detrás problemas emocionales más complicados. Falta de autoestima, sentimientos de culpa, sensación de falta de control, historiales de abuso... Todas esas cosas y otras muchas pueden estar ocultas tras un trastorno alimenticio.

Los trastornos alimenticios se dividen principalmente en tres, aunque luego existen otras variantes de cada uno de ellos relacionados por ejemplo con la ingesta de alcohol, como la ebriorexia; las horas de comer, como el síndrome de comedor nocturno; o su relación con el deporte, como la anorexia deportiva.

1. Anorexia nerviosa

La anorexia es un trastorno en el que las personas pierden voluntariamente más peso del que se considera saludable para su edad y estatura.

Se trata de una preocupación malsana por el peso y la figura que lleva a quienes lo sufren a dejar de comer absolutamente o casi absolutamente, hacer ejercicio de forma excesiva y obsesiva y a utilizar otros métodos como diuréticos o laxantes.

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Causas de la anorexia

No se sabe exactamente qué puede desencadenar un trastorno anoréxico, pero parece haber muchos factores involucrados, algunos de origen biológico como la genética o las hormonas, y otros sociales como la celebración pública y colectiva de modelos físicos excesivamente delgados.

Algunos factores de riesgo para padecer anorexia son una desmesurada preocupación por el peso y la figura, haber padecido trastornos de la alimentación en la infancia, tener poca autoestima o una imagen negativa de uno mismo, un perfeccionismo obsesivo y una fijación excesiva por las normas.

Las mujeres tienen más probabilidades de padecer anorexia que los hombres, aunque la diferencia cada vez es menor. Los años de la preadolescencia, la adolescencia y la juventud son los años con mayor riesgo para desarrollar anorexia.

Síntomas de la anorexia

Es importante detectar un proceso de anorexia lo antes posible, y para eso, las personas de alrededor del afectado son esenciales ya que el paciente probablemente se negará a ver el problema o tratará de ocultarlo.

Algunos comportamientos pueden dar la señal de alarma, como por ejemplo, un miedo exacerbado a coger peso incluso estando por debajo del peso recomendable, negarse a mantenerse en el peso recomendable o centrarse solo en perder peso como forma de estar bien sin reconocer los riesgos de perder demasiado peso.

En cuanto a la comida, hay que estar atento cuando alguien se niega a comer o suele vomitar después de hacerlo. Otro comportamiento habitual es cortar la comida en trozos pequeños y moverla por el plato sin llegar a comérsela; negarse a comer con otras personas; hacer ejercicio de forma obsesiva incluso cuando están lesionados o demasiado ocupados; tomar pastillas diuréticas, medicamentos laxantes o supresores del apetito.

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Otros síntomas de la anorexia, normalmente en etapas más avanzadas de la enfermedad, incluyen sequedad de la piel y agrietamiento de los labios, pensamiento lento o confuso junto con problemas de memoria, sensibilidad extrema al frío, depresión, pérdida muscular.

Posibles complicaciones de la anorexia

Con el paso del tiempo, la anorexia puede dar pie a complicaciones serias. Entre ellas está la desnutrición por falta de una alimentación completa, el debilitamiento del sistema inmune y por tanto un mayor riesgo de contraer infecciones, deshidratación, debilitamiento de los huesos y los dientes, problemas cardíacos por falta de potasio, convulsiones por falta de sodio o problemas de tiroides.

Tratamiento

El mayor desafío en el tratamiento de la anorexia es convencer a las personas que lo padecen de que tienen una enfermedad. A menudo la búsqueda de tratamiento se hace solo cuando la patología ya está muy avanzada.

El tratamiento normalmente tiene dos partes: una de ella está enfocada a que el paciente recupere un peso normal, y otra a tratar el trasfondo psicológico de la enfermedad. A menudo es necesario un periodo de hospitalización, pero el tratamiento continuará después, a veces durante meses o años.

2. Bulimia nerviosa

La bulimia es otro tipo de trastorno de la alimentación en el que el paciente sufre periodos cortos de ingesta excesiva de alimentos, llamados atracones, seguidos por otros periodos en los que normalmente se lleva a cabo una purga en forma de vómitos o toma de medicamentos laxantes.

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La bulimia y la anorexia pueden sufrirse a la vez. El miedo a engordar también juega un papel en esta enfermedad, y es lo que provoca los periodos de purga.

Causas de la bulimia

Igual que ocurre con la anorexia, no es fácil señalar una causa única tras la bulimia. Detrás de los problemas de alimentación suele haber factores complejos relacionados con la genética, la biología, la influencia del entorno y otros factores psicológicos como la baja autoestima, sentimientos negativos, episodios de abusos, etc.

En la bulimia destaca un factor de falta de control sobre los propios actos, que se manifiesta en el momento de los atracones de comida. Esto suele llevar después al autorrechazo, el sentimiento de culpa y la necesidad de purgarse a posteriori, que suele aportar un sentimiento de alivio.

Síntomas de la bulimia

De nuevo, la observación del entorno es a menudo lo que sirve para detectar un trastorno bulímico, de forma que es importante conocer los síntomas para estar alerta. Sin embargo, a veces esta es más difícil que en el caso de la anorexia porque muchas veces las personas bulímicas se encuentran en su peso recomendable, aunque a menudo ellas no lo sientan así, de forma que puede ser menos evidente desde fuera.

Los atracones de comida son un síntoma evidente, pero a menudo se realizan en secreto, así que tampoco son fáciles de observar. Episodios de vómitos después de las comidas pueden ser una señal de alarma.

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Otras señales externas pueden ser la compra de grandes cantidades de alimentos, normalmente poco sanos o altos en calorías, que desaparecen rápidamente o el consumo habitual de medicamentos laxantes, diuréticos o que provocan el vómito.

Posibles complicaciones

Con el paso del tiempo, la bulimia puede dar pie a complicaciones graves. El hábito y la frecuencia de vomitar, por ejemplo, pueden causar daños serios en el esófago, caries y deterioro de los dientes y la inflamación de la garganta.

Los vómitos combinados con los productos laxantes pueden terminar desembocando en daños intestinales, estreñimiento, deshidratación, problemas cardíacos debido a los bajos niveles de potasio y daño en el páncreas entre otros.

Tratamiento de la bulimia

De nuevo, el paso más importante y a veces más difícil del tratamiento de la bulimia es la detección de la enfermedad, algo que los pacientes a menudo tratan de ocultar a toda costa.

A diferencia de la anorexia, muchas veces la bulimia no requiere ingreso hospitalario a no ser que concurran otros factores como la propia anorexia, alguna de las complicaciones que mencionábamos antes o una depresión severa.

El tratamiento vuelve a tener un peso básicamente psicológico, aunque a menudo se utilizan también medicamentos llamados inhibidores selectivos de recaptación de la serotonina (ISRS).

3. Trastorno de apetito desenfrenado

Es uno de los más comunes pero de los menos conocidos. Las personas que lo sufren ingieren de forma habitual cantidades inusualmente grandes de alimentos, lo que llamamos atracones.

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En esos periodos, la persona que lo sufre pierde el control de su alimentación y no es capaz de parar de comer.

Causas del trastorno de apetito desenfrenado

De nuevo, las causas son varias y complejas: desde factores genéticos hasta cambios en la química del cerebro pasando por problemas emocionales, depresión o ansiedad o llevar una dieta malsana con carencias nutricionales o saltándose algunas comidas.

A menudo existe una obsesión previa con la comida, por ejemplo, en una dieta muy estricta, de forma que se identifica la comida con un alivio emocional, una vía de escape o una forma de autocastigo.

Trastornos alimenticios y el tratamiento psicológico

A menudo tendemos a despreciar las enfermedades mentales como si tuviesen menos importancia y curarse fuese una cuestión de mera voluntad del enfermo. Esta forma de pensar no solo no soluciona el problema, sino que añade al sufrimiento de los pacientes un estigma social. Como si para curarse todo lo necesario fuese desearlo y si no se curan es porque no tienen fuerza de voluntad suficiente.

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Los trastornos de la alimentación entran en esta categoría, y requieren tratamiento tanto físico como psicológico. Con hacerles comer no es suficiente. Hay que ayudarles a darse cuenta de qué hay detrás de estos problemas y cómo pueden resolverlo. Muchas veces son problemas de autoestima, situación familiares o de pareja abusivas, experiencias traumáticas o falta de control en su vida.

La terapia es parte indispensable del tratamiento para entender y subsanar las causas ocultas de la enfermedad. Pero no es lo único. A menudo puede ser de ayuda la participación en grupos de apoyo con otras personas que hayan pasado o estén pasando por lo mismo, así como el apoyo del entorno, familiares y amigos, que comprendan sin juzgar y ayuden al paciente a recuperarse.

También es importante saber que todos estos trastornos pueden provocar recaídas con el tiempo. Igual que ocurre con las adicciones, los trastornos alimenticios rara vez desaparecen del todo y las personas que las padecen deben hacer el esfuerzo de alimentarse con normalidad durante todas sus vidas. Por eso las recaídas son habituales, pero no deben ser tomadas como una debilidad o con desesperación, sino como otra etapa en la recuperación.

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Imágenes | iStock
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