José Ruiz, entrenador: "Si necesitas mirar constantemente al suelo al caminar, puede ser una señal de que debes trabajar tu equilibrio"

Caminar Suelo

La inseguridad al bajar escaleras, los tropiezos frecuentes y la dificultad para mantenerse sobre una pierna pueden indicar que necesitas trabajar la fuerza y la estabilidad

Redacción Vitónica

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Caminar es una de las actividades más accesibles (e ideales) para mantenerte en forma con el paso de los años, pero desplazarse con seguridad no depende únicamente de la resistencia física. Aspectos como la fuerza muscular, la coordinación o el equilibrio también entran en juego, y encontrarse algunas dificultades durante los paseos pueden ser señales de que estas capacidades necesitan más atención.

El entrenador José Ruiz explica en una entrevista publicada por Telva que mirar constantemente al suelo, sentir inseguridad al bajar las escaleras o tropezar con mayor frecuencia son comportamientos que conviene observar. Además, también menciona otras situaciones como dificultad para mantenerse sobre una pierna o caminando por superficies irregulares, sobre todo cuando estos fenómenos aparecen juntos.

Cómo mejorar el equilibrio y la fuerza a partir de los 50 años

Mirar hacia abajo para evitar un obstáculo es normal, pero vigilar de forma continua dónde colocamos los pies para sentirnos más seguros hace que la situación cambie. Sin embargo, ese comportamiento no permite diagnosticar por sí solo un problema de equilibrio, ya que entran en juego factores como dificultades visuales, molestias articulares o el miedo a sufrir una caída.

Lo más positivo es que la estabilidad se puede entrar a cualquier edad, y un ejemplo llega de la mano del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos (NIA) con sus recomendaciones: ejercicios centrados en mantenerse sobre una pierna, caminar colocando el talón justo delante de la punta del otro pie o practicar desplazamientos laterales. Así, estos movimientos básicos trabajan el control corporal y pueden incorporarse de forma progresiva a la rutina de actividad física.

Levantarse de una silla, realizar sentadillas adaptadas o subir un escalón bajo permite fortalecer las piernas con movimientos habituales, así que una vez más el entrenamiento de fuerza desempeña un papel importante. Si combinamos estos ejercicios con actividades de equilibrio, el resultado consigue conservar la capacidad de desplazarnos con confianza al mismo tiempo que respondemos mejor ante pequeños cambios del terreno.

Como punto de partida, conviene practicar cerca de una pared o una silla estable que permita sujetarse si es necesario, pero por encima de todo hay que tener en cuenta que no hay que cumplir una edad determinada para introducir estos ejercicios. Si sientes inseguridad al caminar o empiezan a aparecer caídas, lo recomendable es consultar con un profesional sanitario antes de aumentar la dificultad del entrenamiento.

Foto | Takashi Sakamoto (Unsplash)

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