Las tres posturas del guerrero de Yoga: su historia, su técnica y sus beneficios

Una parte muy importante dentro de la práctica del Yoga son las asanas o diferentes posturas que realizamos dentro de cada sesión, cuya función es la de actuar sobre cuerpo y mente. Algunas de ellas, como las de inversión, nos ayudan a regular nuestras hormonas; otras a mejorar nuestra fuerza y equilibrio o a estirar nuestros músculos.

Tres de las asanas más conocidas, que suelen practicarse juntas, son las de las posturas del guerrero o Virabhadrasana en sánscrito (Virabhadra es el nombre del guerrero al que hacen referencia, y asana quiere decir literalmente postura). Os explicamos la historia detrás de ellas, cómo se hacen y cuáles son sus beneficios.

La historia detrás de las posturas del guerrero

El guerrero Virabhadra y Shiva (a la derecha).

La historia que inspira las tres posturas del guerrero de Yoga proviene de la mitología hindú: estas tres posturas representan los tres momentos del ataque del guerrero Virabhadra, en una historia de amor trágico.

La historia comienza con el rey Daksha, un gran defensor de las tradiciones: su hija, Sati, se había casado con Shiva, que era todo lo contrario a lo que representaba Daksha. Sati y Shiva se habían marchado juntos a vivir en Bhoga, la ciudad del placer.

Las asanas del guerrero se inspiran en los movimientos de lucha del guerrero mítico Virabhadra

En un momento dado el rey Daksha celebra una fiesta a la que no invita ni a su hija ni a su yerno; aun así, a petición de Sati, deciden ir. Una vez llegan a la fiesta, el rey Daksha ridiculiza a su propia hija delante de todos los presentes; ella, humillada, se marcha a meditar, entra en trance y muere al estallar en llamas.

Cuando Shiva se entera de lo sucedido se arranca sus largas trenzas y de una de ellas surge el guerrero Virabhadra (que significa héroe-amigo), al que instruye para matar al rey Daksha. Las tres posturas del guerrero se inspiran en el momento en que Virabhadra alza la espada en alto (guerrero I), apunta con ella a los presentes (guerrero II) y finalmente decapita a Daksha (guerrero III).

Con el rey Daksha ya muerto y el guerrero Virabhadra reintegrado dentro de Shiva, este se da cuenta de lo que ha sucedido: siente pena en lugar de ira y decide revivirlo poniéndole una cabeza de chivo.

Esta historia representa la lucha interior contra el ego y la ignorancia.

Postura del guerrero I

Desde la posición de pie (Tadasana), tomamos aire y damos un paso largo hacia la izquierda de modo que nuestras piernas quedan separadas a una distancia aproximada de un metro. Giramos nuestro pie izquierdo (el que hemos movido) 90 grados, movemos el derecho ligeramente (unos 45 grados) y giramos también nuestro tronco para que las caderas y el pie queden en línea. Desde ahí, flexionamos la rodilla izquierda y subimos los brazos paralelos hacia el techo (hasta que lleguen a la altura de las orejas) y mantenemos la cabeza erguida.

La postura del guerrero I nos ayuda a mejorar la movilidad de la cadera, a mantener las piernas y glúteos activados y mejora nuestro equilibrio.

Postura del guerrero II

Comenzamos igual que en la postura anterior: desde la posición de pie, inspiramos y damos un paso largo con nuestra pierna izquierda separando nuestras piernas. Giramos nuestro pie izquierdo 90 grados, mientras que el derecho se mantiene en su lugar. Abrimos los brazos, formando una línea recta con ellos y paralela al suelo, a la altura de los hombros, con las palmas de las manos hacia abajo, y giramos la cabeza hacia la izquierda. Flexionamos nuestra rodilla izquierda asegurándonos de que queda directamente encima del pie y de que nuestros talones están alineados.

En este caso no giramos la cadera, que se mantiene colocada de frente. La postura del guerrero II tiene unos beneficios muy parecidos a los del guerrero I: fortalece nuestro tren inferior mientras que los brazos se mantienen activados y es muy beneficiosa frente a los dolores de espalda (la musculatura de la espalda se encuentra activa y nuestra columna elongada).

Postura del guerrero III

La más complicada de las tres, al realizarse sobre una sola pierna. Para llevarla a cabo partimos desde la posición de pie y nos inclinamos hacia delante, colocando las manos sobre el muslo derecho. Desde ahí, damos un gran paso con nuestra pierna izquierda hacia atrás y levantamos los brazos, manteniéndolos paralelos entre ellos y también paralelos al suelo, a la altura de nuestras orejas. Finalmente, levantamos el pie izquierdo del suelo y elevamos la pierna izquierda hasta que quede en línea con nuestra espalda.

En esta postura de equilibrio toda nuestra musculatura se encuentra activada para poder mantener la posición. Es importante que presionemos con el talón derecho sobre el suelo y que elonguemos nuestra espalda (como si un hilo tirara de nuestra cabeza hacia delante y de nuestra cadera hacia atrás), activando la musculatura interna del abdomen, para mantener el equilibrio.

Esta asana, además, mejora nuestra coordinación, fortalece nuestra musculatura y nos ayuda a mejorar nuestra postura en general, alineándonos correctamente.

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Imágenes | Vitónica y iStock
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