
Kilian Jornet, a sus 39 años, puede presumir de ser una de las mayores leyendas del alpinismo mundial. Creció en un refugio del Pirineo, un entorno que conoce bien ya que solía recorrer la zona con su familia durante su infancia. Con el tiempo llegarían grandes gestas como las cuatro victorias en el Ultra Trail del Mont Blanc y dos ascensiones consecutivas al Everest en una semana.
Su madre, Núria Burgada, fue también su maestra durante aquellos primeros años. “Kilian tenía un año y medio y ya era capaz de caminar siete u ocho horas”, recordó Burgada en una entrevista con La Vanguardia. "Aquello no era normal y sé de qué hablo: he sido maestra", añadía.
En el refugio de Cap del Rec, a unos 2.000 metros de altitud, los paseos de Nuria con su hijo Kilian empezaron pronto. Ella llevaba a su hija Naila en la mochila y Kilian caminaba a su lado. Desde pequeños, ambos cargaban con sus cosas. “Era una forma de enseñarles que cada uno tenía que hacerse cargo de lo suyo”.
Las salidas se complicaron al llegar a la adolescencia. Kilian pasó de una escuela pequeña y familiar a un instituto donde los demás tenían intereses muy distintos. No encontraba amigos que quisieran acompañarlo y se iba solo a la montaña. “Era su forma de encontrar su sitio en el mundo”, explicó Nuria Burgada.
Llegó a combinar la bicicleta y los esquís en escapadas que se alargaban hasta anochecer, y donde su madre tuvo que salir a buscarlo en coche en más de una ocasión. Años más tarde, entró en el Centro de Tecnificación de Esquí de Montaña donde aprendió a entrenar y a conocer los límites de su cuerpo. Allí encontró también compañeros con los que compartir su afición.
Ella también salía a la montaña antes de ir a trabajar. En una entrevista a la revista Desnivel contaba cómo se organizaba: en invierno subía 500 metros de desnivel con los esquís; en verano tenía un recorrido para correr una hora. Después desayunaba y se iba a la escuela. “Así se va de otra manera a la escuela”, explicaba. Notaba que llegaba con otra actitud a las clases con los niños.
En otra entrevista, contó que se había marchado al Pirineo a los 22 años. Ya como maestra rural, intentaba que sus alumnos apreciaran el lugar donde vivían y aprendieran también fuera del aula. “Una maestra no se jubila nunca”, decía, de hecho, después de jubilarse seguía pasando por la escuela cada dos o tres días.
Nuria, desde la Fundación Kilian Jornet, sigue trabajando con los profesores. Organiza formaciones para los claustros con un objetivo: que los adultos recuperen sus propios recuerdos de infancia en la naturaleza al acompañar a los niños. “La naturaleza es casa y, en mi caso, las montañas son casa”, cuenta la madre del legendario deportista.
Fotos | Pertsonalde, Kiss the Mountain
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