Las grasas se alejan del banquillo de los acusados

Las grasas siempre fueron, a criterio de todos nosotros, las culpables del exceso de peso y obesidad así como de las enfermedades cardiovasculares. No obstante, la ciencia avanza, los estudios se incrementan junto a los conocimientos y todo cambia, pues las grasas se alejan del banquillo de los acusados de forma progresiva.

Durante muchos años la recomendación de reducir la ingesta de grasas saturadas gobernó las directivas para la prevención y control de las enfermedades cardiovasculares, pero hoy los estudios no pueden demostrar una asociación significativa entre este tipo de grasa y el desarrollo de patologías cardiovasculares.

Además, se ha estudiado mucho la diferencia entre las grasas insaturadas, que lejos de perjudicarnos pueden protegernos contra enfermedades, y las grasas saturadas y trans. Éstas últimas si se han asociado a riesgos para la salud mientras que las grasas saturadas no han demostrado dañar al organismo por sí solas.

En definitiva, las grasas no son las culpables directas de las enfermedades que hoy en día predominan a nivel mundial, sino que el almacenamiento de grasa en el cuerpo, el desarrollo de obesidad y de enfermedades cardiovasculares así como otras patologías, depende de muchas cosas.

Factores que compiten por el banquillo de acusados

Dado que el consumo de grasa en el último tiempo se ha reducido en algunos países a causa de la recomendación por décadas de disminuir su ingesta para una mejor y mayor salud, pero en realidad las cifras de obesidad y enfermedades cardiovasculares no se modifican, hay otros factores que compiten por el banquillo de acusados.

Entre esos factores se encuentra la ingesta de azúcar o de hidratos simples que ha crecido en el último tiempo y que en diferentes estudios se muestra como un factor de riesgo independiente para el síndrome metabólico que incluye, además de obesidad, hipertensión, insulino resistencia y dislipemias.

Además, claramente no es lo mismo consumir azúcares que sólo aportan calorías vacías, que consumir grasas que ofrecen ácidos grasos que cumplen funciones importantes en el organismo y muchas de ellas, benefician la salud, por ejemplo, aquellas grasas derivadas del aceite de oliva, de los frutos secos o de los pescados.

Otro factor importante que compite por el banquillo de acusados es el sedentarismo, pues claramente no es igual una persona deportista con alta ingesta calórica que una persona sedentaria con igual o semejante dieta.

Es decir, el desarrollo de enfermedades depende de muchos factores pero en lo que respecta al consumo de grasas, ya no podemos demonizarlas como antes y es momento de reivindicar su presencia en la dieta, pues si bien las grasas trans han mostrado riesgos, las grasas saturadas cada vez se alejan más del banquillo de los acusados y se liberan de la responsabilidad por la gran cantidad de patologías cardiovasculares que afectan a la población mundial.

Es hora de quitarle a las grasas el estigma de "dañinas" y comenzar a escoger dentro de ellas las mejores alternativas para la salud así como también, debemos empezar a mirar hacia otros factores que pueden ser causantes de enfermedades, como por ejemplo, la ingesta de azúcar.

Más información en | BMJ En Vitónica | El problema nunca ha sido la grasa, el problema es el azúcar Imagen | Cottonseedoil, USDAgov y Phú Thihn Co

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