
El truco consiste en freír con una cucharadita de aceite de girasol y terminar el huevo al vapor, tapando la sartén
Pablo López, del Consejo General de Colegios de Dietistas-Nutricionistas, recomienda priorizar técnicas con poca grasa añadida
Cuando hacemos un huevo frito, lo habitual es echar un buen chorro de aceite en la sartén para que la clara se dore y salga con su puntilla. Pero hay una alternativa que, tal y como cuentan muchos chefs, cambia casi todo ese aceite por un poco de agua y una tapa, y deja que el huevo termine de hacerse al vapor.
El problema del aceite. El huevo tiene proteínas de máxima calidad, pero el problema suele estar en la grasa con la que lo freímos. Y es que freír puede aumentar la densidad calórica, por lo que se recomienda priorizar técnicas con poca grasa añadida, como el vapor, y dejar las frituras largas para momentos puntuales.
El truco del vapor. Se trata de utilizar una cucharadita de aceite de girasol y, cuando la clara ya ha cuajado, añadir un poco de agua y tapar. El vapor cocina con suavidad la parte de arriba del huevo, de manera que la clara termina de hacerse sin darle la vuelta mientras la yema sigue melosa.
Eso sí, el agua complementa al aceite más que reemplazarlo del todo, y los bordes acaban menos tostados que en la fritura clásica.
Paso a paso. Según la receta del diario griego, hay que calentar la sartén a fuego medio, añadir el aceite y esperar un minuto antes de echar el huevo. Se deja entre uno y dos minutos hasta que cuaje la clara, se añade un poco de agua, se tapa y se espera otro minuto, hasta que la yema coja su punto.
Vamos, que en tres o cuatro minutos lo tienes listo para servir al momento, con mucho menos aceite que con el chorro de siempre.
Foto | Christian Cueni
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