La psicología apunta a que las personas que caminan con las manos a la espalda no lo hacen por bienestar, sino por reflexión y calma

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Lo que se dice del gesto es más opinión de expertos en lenguaje corporal que ciencia, pero sí hay estudios sobre lo que caminar hace por tu cabeza y lo que tus brazos hacen por tu equilibrio

Redacción Vitónica

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Seguro que más de una vez has visto a personas que caminan con las manos en la espalda y la mirada perdida, como si estuviera pensando en algo, y puede incluso que tú suelas hacerlo. Según el psicólogo Rodrigo Pérez, suele ser un gesto inconsciente que, en teoría, diría bastante de cómo tienes la cabeza en ese momento.

Caminar en esta postura puede ser una señal de concentración e introspección, una especie de pausa mental frente a tanto estímulo, pudiendo ser más habitual en personas mayores, profesores, investigadores y quienes manejan mucha información en su trabajo. Según el contexto, también podría proyectar autoridad y confianza.

Y luego, el resto del cuerpo puede cambiar o matizar el mensaje. Si quien camina así lleva la cabeza gacha y la mirada en el suelo, apuntaría más bien a inseguridad, si se sujeta una muñeca o el antebrazo sería un intento de autocontrol y, si encima da zancadas muy largas, podría transmitir cierta arrogancia. Pero esto también depende de la cultura y de cada persona.

Mucho experto y poco laboratorio

El propio Pérez, experto en comunicación no verbal, relacionaba en 2025 el gesto con autoridad, reflexión y calma. También advertía de que en una situación formal puede interpretarse como desinterés o como una relajación excesiva.

Un año antes antes, la psicóloga Sonia Castro lo interpretaba en como una muestra de confianza, porque deja expuestas zonas vulnerables del cuerpo, mientras que el formador en oratoria Nacho Tellez avisaba de que, acompañado de la barbilla alta o de pasos muy largos, puede pasar por arrogancia, y por eso aconsejaba no abusar de él en una entrevista de trabajo o en una charla. En algunas culturas, además, juntar las manos atrás se lee como respeto o humildad ante alguien con autoridad.

Todo esto son lecturas que salen de la experiencia de quien se dedica a observar a la gente, pero ninguna llega acompañada de un experimento que ponga a prueba estas interpretaciones. Vamos, que pueden tener su lógica, pero la psicología no las ha medido, y conviene tenerlo presente porque leer posturas ha resultado ser bastante más resbaladizo de lo que parecía.

El caso más sonado es el de las posturas de poder, que prometían cambios hormonales por quedarse un par de minutos en pose de superhéroe. La idea se vino abajo cuando un equipo de la Universidad de Zúrich y la Stockholm School of Economics repitió el experimento en 2015 con muchos más participantes y no encontró efecto ni en las hormonas ni en la forma de asumir riesgos.

Lo que caminar sí hace por tu cabeza

Donde hay bastante más evidencia es en el paseo en sí, pongas las manos donde las pongas. En el trabajo de Oppezzo y Schwartz, de las universidades de Santa Clara y Stanford, un experimento demostró que entre el 81% y el 100% de los participantes tenían ideas más creativas cuando caminaban que cuando estaban sentadas.

Y es que el efecto parece venir del propio acto de andar, porque daba igual hacerlo por la calle o en una cinta. Estos resultados eran siempre mejores que los de los participantes que se dejaron empujar al aire libre en una silla de ruedas. Además, el efecto duraba un rato después de sentarse, aunque en las tareas con una única respuesta correcta quienes caminaban quedaron ligeramente por detrás, así que donde más ayuda el paseo es a que se te ocurran ideas nuevas.

Los brazos no van de adorno

Cuando caminas con las manos a la espalda dejas de bracear, y eso tiene su precio. Según un trabajo publicado en la revista de biología de la Royal Society y recogido por Scientific American, caminar con los brazos sujetos a los costados exige alrededor de un 12% más de energía que hacerlo balanceándolos con libertad.

Otro estudio de 2009 en el Journal of Experimental Biology, con sólo seis voluntarios y los brazos cruzados sobre el pecho, no encontró diferencias significativas, y ninguno de los dos probó exactamente la postura de las manos atrás. En cualquier caso, que el braceo cumple su función al moverse es algo que ya contábamos en 2020 al explicar la importancia del braceo al correr.

Pero donde los brazos se notan de verdad es cuando el suelo te juega una mala pasada. Una investigación de la Universidad de Arizona comparó cómo reaccionaban ante un resbalón adultos de 26 y de 72 años de media, y los mayores movieron los brazos un 58% más despacio, cuando una diferencia de apenas una veinticincoava parte de segundo suponía unos 2,5 centímetros más de desplazamiento lateral del cuerpo.

Su autor principal, el profesor de fisioterapia Jonathan Lee-Confer, plantea fortalecer los brazos dentro de la prevención de caídas y quiere probar ejercicios de elevaciones laterales con mancuernas. Lamentablemente, en ninguno de estos experimentos se ha probado el efecto de caminar con los brazos por detrás.

Pero de todo esto sacamos que si sales a pasear por un camino llano y tranquilo, llevar las manos atrás puede ayudarte a pensar mejor. Sin embargo, en terrenos irregulares, escaleras o con el suelo mojado, es mejor llevar las manos libres para ayudarte en caso de caída.

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