La psicología dice que las personas que hablan alto y a veces gritan no son agresivas, en realidad sienten las emociones con más fuerza que el resto

Grito

Redacción Vitónica

Editor

Hay quien empieza a contar una anécdota en la sobremesa y, cuando llega a la mejor parte, ya se le oye desde la cocina. Si solo pillas ese trozo de la conversación, es fácil pensar que está discutiendo pero quizás lo que ha ocurrido es que se ha entusiasmado con la historia.

El volumen con el que está hablando una persona da pistas sobre lo que pasa en ese momento aunque eso no necesariamente debe asociarse siempre a un posible enfado.

En 1996, los psicólogos Rainer Banse y Klaus Scherer pidieron a un grupo de oyentes que identificara 14 emociones interpretadas por actores profesionales. Los oyentes acertaron más de lo que cabría esperar por azar, aunque algunas emociones resultaron más fáciles de reconocer que otras. Los investigadores encontraron pistas tanto sobre la emoción que se expresaba como el tono y el volumen.

Si lo único que nos llega es el volumen, las dos escenas pueden sonar bastante parecidas pero hay otras características que nos pueden ayudar a diferenciar.

Cómo cambia lo que sentimos

En dos experimentos de 1993, los psicólogos A. W. Siegman y S. Boyle pidieron a los participantes que contaran experiencias personales con distintos ritmos y volúmenes. Cuando recordaban episodios de miedo o ansiedad, hablar deprisa y alto iba acompañado de una mayor activación emocional e incluso cardiovascular. 

Al relatar experiencias tristes, la respuesta era hablar despacio y bajito. Lo que observaron Siegman y Boyle sugiere que la forma de hablar puede avivar una emoción que ya está ahí.

Cuándo intimida un grito 

En 2024, un equipo analizó más de 3.000 vocalizaciones humanas y realizó cuatro experimentos de percepción. Comprobó que elevar el volumen ayudaba a proyectar fuerza y a sonar más agresivo. Esa impresión importa cuando el grito va acompañado de una amenaza o se usa para impedir que la otra persona tome la palabra.

También cuenta dónde estamos y cómo se habla habitualmente en ese grupo. Hay familias en las que todos se pisan un poco al hablar y nadie cree que haya una pelea. Y en un bar lleno quizá toque levantar la voz hasta para preguntar qué quiere beber quien está sentado al lado. Si la conversación se caldea, lo que se dice y cómo se trata a la otra persona ayuda a entender mejor qué está pasando.

En Vitónica | Antonio de Dios, psicólogo: "La ansiedad no siempre avisa con una crisis. Muchas veces se cuela en cosas tan pequeñas que ni las registras y llevan contigo media vida"

Ver todos los comentarios en https://www.vitonica.com

VER 0 Comentario
↑