Tim Spector, experto en microbiota intestinal: "Los bebedores de café tienen un microbioma intestinal más diverso que los no bebedores de café"

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El descafeinado también se relaciona con cambios en la microbiota, aunque eso todavía no permite recomendar más tazas para cuidar la salud

Redacción Vitónica

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Para muchos, el desayuno empieza en cuanto huele a café. A veces se toma con calma y otras, casi saliendo por la puerta, pero cuesta imaginar la mañana sin esa taza. Además del efecto que se nota al beberlo, el café tiene una relación menos conocida con algunas de las bacterias que viven en el intestino.

"Los bebedores de café tienen un microbioma intestinal más diverso que los no bebedores de café", explica Tim Spector, epidemiólogo y experto en microbiota, en un artículo de The Telegraph. 

Una de esas bacterias tiene un nombre bastante menos familiar que el de nuestro café favorito: Lawsonibacter asaccharolyticus. Es más abundante en la microbiota intestinal de quienes toman café, una relación de la que ya os hablamos en Vitónica. Esta bacteria produce un compuesto llamado butirato, que participa en la regulación de la inflamación y contribuye al cuidado de las células que recubren el colon. 

El estudio, publicado en Nature Microbiology en 2024, analizó los hábitos de consumo y la microbiota de más de 22.000 personas. También comprobó en el laboratorio que el café favorecía el crecimiento de Lawsonibacter. 

Quienes prefieren el café descafeinado también aparecen en esta historia: la asociación con Lawsonibacter se observó entre sus consumidores. La cafeína, por tanto, no parece explicar por sí sola esa relación. Otros compuestos del café, como los polifenoles, también se investigan por su interacción con la microbiota.

En un estudio posterior, publicado en Nature este mismo año 2026, se comparó a 31 consumidores habituales con 31 personas que no tomaban café. Después, los consumidores lo dejaron durante dos semanas y volvieron a tomarlo durante tres, unos con cafeína y otros sin ella. Se observaron cambios en bacterias concretas con ambas versiones, pero no cambios significativos en la diversidad global entre las distintas fases.

El estudio fue pequeño y duró pocas semanas pero al menos demostró que quitar la mayor parte de la cafeína no elimina toda la interacción del café con la microbiota.

Eso sí, no hay una dosis para cuidar la microbiota establecida a partir de estos hallazgos. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) considera que hasta 400 miligramos de cafeína, repartidos durante el día, no plantean problemas de seguridad para la población adulta sana general.

Contar tazas tampoco resuelve del todo la duda, porque la cantidad de cafeína varía con el grano y la preparación. En el embarazo, la referencia baja a 200 miligramos diarios de todas las fuentes. Y algunas personas pueden notar alteraciones del sueño con 100 miligramos cerca de la hora de acostarse.

"Normalmente tomo de tres a cuatro tazas al día", cuenta Spector. Las reparte entre primera hora de la mañana y la comida, y después de las dos de la tarde deja de tomarlo para que no interfiera con su sueño. Es su rutina personal: también cuentan la hora de irse a la cama y la sensibilidad de cada uno. Si el café de sobremesa acaba pasando factura por la noche, los posibles beneficios intestinales no justifican seguir tomándolo a esa hora.

Si el café no gusta, estos hallazgos no son una razón para empezar a tomarlo. Quien disfruta de su taza puede seguir incluyéndola en el desayuno, sin añadir otra con la intención de conseguir más bacterias.

Foto | Youtube

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