Cómo distinguir un resfriado de una gripe

Por fin ha llegado el cambio de estación, después de un verano que se ha prolongado más de lo habitual: bajan las temperaturas, aumentan las precipitaciones y los días se hacen más cortos. Junto a todo ello, llegan los resfriados, los catarros y la temporada de gripe.

Gripes y resfriados no son lo mismo, aunque a veces sus síntomas se confundan. Las dos son enfermedades provocadas por un virus, de fácil contagio y con síntomas que se refieren sobre todo al sistema respiratorio.

Sin embargo, diferenciarlas es importante porque mientras que un resfriado no suele presentar gravedad, una gripe sí puede derivar en complicaciones serias dependiendo de la persona que la padezca, y por tanto hay que estar atentos a su evolución.

¿En qué se diferencian un resfriado y una gripe?

Para empezar, gripe y resfriado se distinguen por la velocidad a la que aparecen sus síntomas: mientras que en la primera suelen ser repentinos, y pasamos de encontrarnos perfectamente a estar hechos polvo en apenas unas horas, los resfriados son más progresivos, y podemos tardar un par de días en desarrollar todos los síntomas.

Una gripe en general nos hace encontrarnos peor en general: es común tener fiebre durante varios días (algo poco frecuente en el resfriado), sufrir dolores articulares, musculares y de cabeza, tener escalofríos y encontrarse débil en general.

A cambio, los resfriados suelen ensañarse más con nuestra nariz y garganta: son más comunes los estornudos, la congestión nasal y el dolor de garganta.

¿En qué se parecen?

Resfriados y gripes tienen una cosa muy importante en común: como ya hemos dicho, las dos están provocadas por un virus. Esto quiere decir que ninguna de ellas se trata con antibióticos. La única cura para las dos es dejar pasar unos días, terminar el proceso vírico y sobrellevar los síntomas con medicamentos antitérmicos, analgésicos y descongestionantes.

Es importante incidir en que no hay antibióticos que curen una gripe o un resfriado. El mal uso de los antibióticos da como resultado la resistencia de distintas bacterias a estos medicamentos, lo cual se convierte en un serio problema cuando sufrimos una infección bacteriana real, ya que no hay forma de dar con la cura.

El desarrollo de bacterias resistentes a antibióticos es un serio problema de salud pública global. Científicos de todo el mundo trabajan para desarrollar nuevos antibióticos que sean más eficaces, algo que requiere tiempo, talento y financiación. Hasta entonces, es importante que utilicemos adecuadamente los que tenemos.

Comienza la campaña de vacunación contra la gripe

Los antibióticos no tienen nada que hacer contra la gripe, pero la vacuna contra la gripe estacional sí que es una buena aliada para evitar pasar unos días en cama cada otoño.

No se trata de una vacuna integrada en el calendario oficial, pero se recomienda a todas aquellas personas que tienen un mayor riesgo de contraerla (profesionales sanitarios, trabajadores en centros de la tercera edad...) así como a los grupos de riesgo que pueden desarrollar mayores complicaciones: mayores de 65 años, niños pequeños, embarazadas y todas aquellas personas que padezcan patologías crónicas que puedan complicarse con la gripe, como asma, diabetes o enfermedades cardíacas entre otras.

Imágenes | iStock
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