El motor de una máquina de aire acondicionado, un grifo del baño comienza a gotear, percibes una vibración no intensa pero constante que no sabes de donde procede o la persona con la que compartes la habitación ronca. Puede que todos hayamos padecido un ruido que no nos ha dejado dormir más de una vez. Un día te acuestas cansado, deseando desconectar y relajarte, y comienzas a escuchar a tus vecinos hablar…continúan y continúan, el ruido de unos tacones, risas… hasta descubrir que tienen una reunión nocturna.
Ruidos, conversaciones, música, vibraciones, sonidos inesperados que
Salir por la noche de vez en cuando es beneficioso para elevar estado de ánimo, romper con la rutina y cuidar el entorno social… ¿Hasta qué hora? Puede que contestar a esta pregunta sea la clave para alcanzar un equilibrio entre nuestro momentos de esparcimiento y descanso. Una salida nocturna que consista en cenar y poco más, alterará de forma mínima vuestro ritmo, puesto que no cambiará prácticamente vuestras horas efectivas de descanso.


¿Habéis sentido alguna vez que en momentos de estrés y agotamiento ha sido vuestra pareja la que ha pagado los “platos rotos”? Si es así, probablemente habéis sido conscientes después del momento de furia, puesto que la tensión os habrá impedido ver que estabais siendo exagerados o incluso injustos en vuestra reacción. Es sabido que los malos momentos y el peor carácter se suele desahogar con la persona más cercana y con la que se tiene más confianza. Los problemas y el estrés que vivimos en nuestros días acaban teniendo consecuencias sobre nuestro descanso, salud y entorno.
Todos hemos trasnochado o tenido insomnio alguna vez y sabemos que la mañana siguiente no es una de las mejores. Frente a ello existen dos tendencias que, generalmente, atienden a dos tipos de carácter. La primera es continuar con nuestra disciplina y levantarnos a la misma hora de todos los días y la segunda opción (siempre que se tenga ocasión) es la de levantarse más tarde para intentar contrarrestar las horas perdidas de sueño.
En muchas ocasiones vamos a la cama con la intención de dormir y sin darnos cuenta, acabamos repasando mentalmente todo lo que tenemos que hacer al día siguiente. Y así, sin más, todo se empieza a multiplicar en nuestros pensamientos… la visita al médico, comprar los zapatos para el niño, recoger el abrigo de la tintorería, llamar 
