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17 momentos en los que un runner con sentido del humor se reconocerá

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El día que iba a entrenar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el autobús en que llegaba su compañero runner. Pero nunca llegó, así que tuvo que salir solo.

La vida de un aficionado al running está llena de momentos más o menos anunciados. O ya has pasado por ellos, o pronto los conocerás. Pero no hay manera de que te escapes.

Todo empieza después de unas buenas y largas vacaciones. Así te sientes cuando te vuelves a calzar las zapatillas y salir a correr tempranito.

Después de correr 200 metros, decides dar la vuelta y volver a casa. Y piensas en lo que eras tú antes de que las tapitas del chiringuito se adueñasen de tu cuerpo. Pero sabes que si perseveras algún día nadie te parará.

Esto se tiene que acabar. Motivadísimo, llegas a casa y no se te ocurre nada mejor que ponerte a hacer abdominales. Bueno eres tú para ponerte en forma.

Pero, ¡sorpresa! Mantienes la constancia y un día te das cuenta de que acabas de correr dos kilómetros sin descanso.

¡Y luego se convierten en cinco!

Y encima tienes pizza para cenar.

Cuando sales a correr, necesitas motivación. Qué mejor que darlo todo por adelantar a un “rival” que ni siquiera sabe que está siendo perseguido. ¿O sí?

¿Y cómo se siente al revés? Tú solo quieres que te dejen correr tranquilo.

Por fin ha llegado el día en el que te enfrentas a tu primera carrera. Te pasas una semana imaginándote cómo va a ser.

¿O eres más del estilo de The Color Run?

Tu mayor miedo, una caída que te deje en ridículo. Pero tú sabes disimular como nadie.

Además, eres consciente de que siempre hay que levantarse, no importa las veces que te tropieces. Las pelis te lo han dejado bien claro.

Al final, se presenta el gran día. Ya estás listo para tomar la salida, ¿serás el más rápido?

Pase lo que pase, siempre habrá alguno que se ponga en plan épico y se lo cuente así a sus colegas.

Al final, decides dejar de obsesionarte. Lo tuyo no es el #PostureoRunning, lo que quieres es pasártelo bien. Da igual lo que piensen los que te rodean.

Eso sí, cuando vuelvas a salir a correr, recuerda siempre ir por la sombra.

Y siempre, siempre, siempre, mira antes de cruzar la calle.

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