Soy un runner sin gadgets, sin GPS y sin zapatillas caras

Una pregunta para nuestros lectores que salen a correr casi religiosamente cada día: ¿seríais capaces de hacerlo sin llevar encima el pulsómetro o el reloj con GPS? ¿Saldríais a correr sin música y sin vuestros nuevos auriculares inalámbricos? ¿Podríais entrenar sin ropa técnica y sin esas zapatillas adaptadas a vuestra pisada? ¿Y sin contarlo en las redes sociales? Puede parecernos una utopía, pero hay gente (pocos) que lo hace.

Os puedo asegurar que me ha costado muchísimo encontrar a gente que prescinda de los accesorios con los que cuenta casi toda persona que corre hoy en día, pero los he encontrado. Y os los presentamos para conocer sus motivaciones: ¿por qué correr "al desnudo" con todos los avances que tenemos hoy en día?

Cuando corres para disfrutar y no para competir

Parece que con tanta carrera todos los fines de semana, tanto reventar el crono y tanto superar nuestros límites se nos ha ido olvidando la función principal del deporte cuando somos amateurs: disfrutar del momento.

Y es que ese rato que guardas en tu día a día para entrenar es para disfrutarlo: no para no parar de mirar el reloj como cuando estás estresado porque el metro no llega y vas a llegar tarde al trabajo, ni para abrumarte pensando que la semana pasada hiciste 7 segundos menos en el mismo trayecto.

Esto, Julián, administrativo de 35 años y que lleva corriendo más de seis, lo tiene muy claro: "salir a correr es mi momento tranquilo del día, y no quiero arruinarlo estando más pendiente de un reloj que de las sensaciones que voy teniendo por el camino. Es mi momento para escucharme a mí mismo, para despejar la mente, para aclarar ideas y para volver a casa renovado. Mirar un reloj o tener que mantener un ritmo concreto no me ayudan a ello".

"Si corres más pendiente del reloj que de tus sensaciones, te pierdes la mejor parte de tu entrenamiento"

Julián también estuvo enganchado a los pulsómetros y GPS's, pero llegó un momento en el que decidió volver atrás y experimentar el running por sensaciones en lugar de hacerse esclavo de la tecnología. "Notaba que estaba más atento a si seguía exactamente el ritmo que me había marcado ese día que a todo lo que ocurría a mi alrededor y, sobre todo, en mi interior. Valía más lo que me decía el pulsómetro (si tenía que ir más deprisa, más lento, si la frecuencia de zancada debía ser más rápida) que a lo que realmente estaba sintiendo. Y eso no me gustaba nada, así que lo dejé."

Y es que correr por sensaciones es una de las mejores experiencias que podemos tener como corredores: es una forma de disfrutar más de cada entrenamiento y de conocer cómo funciona nuestro cuerpo durante la carrera. Aunque no seamos de los que dicen adiós para siempre a los gadgets de carrera, podemos probarlo un día a la semana: correr sin importar el tiempo ni la distancia, solo con nuestros pensamientos.

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¿De verdad son necesarias tantas zapatillas de carrera?

Algo común a la mayoría de los runners es que el amor por las zapatillas de carrera ("imeldismo", como lo han bautizado algunos por las redes) es inmenso. Las tenemos de todos los colores y, por supuesto, para cada tipo de terreno:unas para asfalto, otras para montaña, otras ligeras para cuando hacemos series, unas para larga distancia... Armarios y armarios llenos de zapatillas fluorescentes, cada una con más kilómetros en la suela que la anterior.

En medio de esta vorágine de calzado fosforito hay quien opta por el minimalismo y pasa de las zapatillas amortiguadas (y caras, todo hay que decirlo) a la simplicidad más absoluta: las sandalias. El calzado minimalista está en auge y, aunque podemos encontrar modelos que igualan el precio de las zapatillas de las marcas más conocidas (algunas incluso lo superan), lo normal es que encontremos precios más bajos (de 25 euros para arriba).

Esta es la historia de Pedro, más conocido en las redes como Santacenero, un runner caricaturista que un día decidió dejar aparcadas las zapatillas modernísimas y amortiguadas para pasarse a lo más sencillo que pudo encontrar: las sandalias. Y recorre muchos kilómetros con ellas.

Mi historia como corredor comenzó en 2009. Mis primeras zapatillas eran muy normales, nada de gama alta. Unas zapatillas de marca blanca de una gran superficie comercial. Con el tiempo, a medida que fui mejorando me informé más y adquirí unas zapatillas supuestamente mejores y por tanto más caras.

Pero todo cambió cuando leí el libro "Nacidos para Correr". Su lectura me abrió los ojos y me empujó a probar lo que allí contaba: las zapatillas tradicionales amortiguadas son contraproducentes. No dejan desarrollar todo el potencial del pie e invitan a correr entrando de talón, técnica ineficiente y lesiva para las rodillas. "Nacidos para correr" me hizo ver que lo correcto y lógico era correr aterrizando de antepié. Esa era la manera natural y el calzado minimalista (zapatillas planas, sandalias) te lo permitía.

Las zapatillas tradicionales amortiguadas (y caras) son contraproducentes para la musculatura del pie y para la técnica de carrera

Al cambiarme a calzado minimalista tuve que volver a empezar de cero. Se requiere una transición. La musculatura de tus piernas y pies deben volver a activarse tras tantos años de letargo y eso requiere tiempo. De lo contrario la lesión estaba más que asegurada.

Correr con sandalias mejoró mi economía de carrera. Además hizo que mejorase mi técnica, y por tanto contribuyera a mi mejora como corredor. Además, los entrenamientos se volvieron más divertidos porque conectaba con el terreno que pisaba. ¡Mis pies empezaron a ver! Y se volvieron más fuertes.

Actualmente he llegado a correr con sandalias un 10 km en 38:10, una media maraton en 1h26 y en completar mi primera maratón.

Como decía el libro "Nacidos para Correr", las mejores zapatillas son las peores. El pie ya tiene suficiente tecnología adquirida tras millones de años de evolución. No necesita todo lo que nos quieren vender las grandes marcas. A lo sumo, simplemente necesita algo de protección para el terreno irregular y algo de abrigo para los días fríos. Nada más. El resto es superfluo y contraproducente.

El precio de las sandalias puede variar entre 30 y 90 euros, según la marca. Incluso más barato si compras los materiales y las fabricas tu mismo, como mucha gente hace. En definitiva, un precio bastante más barato que las zapatillas de alta gama que nos venden como "buenas zapatillas para correr". No te dejes engañar.

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