Hay días en los que nos sentimos física, mental y emocionalmente agotados. Cuando arrastramos el estrés, los agobios y las preocupaciones durante algún tiempo, llega un momento en el que notamos que nos falta la vitalidad. Es como si el cansancio pudiese con nosotros. Durante el día tenemos sueño a todas horas, pero luego llega la hora de meternos en la cama y nos cuesta conciliar el sueño, o soñamos con cosas raras, y nos levantamos como si nos hubiesen pegado una auténtica paliza porque nos duele todo el cuerpo.
Para afrontar los desafíos del día a día, (y nos estamos refiriendo tanto al estudio, como al trabajo o al deporte) tenemos que ser conscientes de que la percepción del cansancio influye significativamene en nuestro rendimiento, ya que por alguna razón el cerebro se rinde antes que el cuerpo, y le envía señales para que se detenga.