
Con el aumento de las temperaturas cambia nuestra forma de practicar deporte, pues nuestro organismo necesita adecuarse a los cambios ambientales. Uno de los problemas que se suele presentar en verano derivado de la práctica del deporte son los calambres producidos por el calor.
Las altas temperaturas y una inadaptación del cuerpo a ellas hace que suframos estos calambres que se traducen en un espasmo y dolor incontrolable en los músculos de los brazos, las piernas y/o el abdomen. A lo que le acompaña una gran transpiración que nos hace imposible la práctica de ejercicio y empeora nuestro rendimiento. Para evitarlo sólo hay que seguir unos pequeños consejos.



