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En los pasados Juegos Olímpicos aparecieron, como es usual, multitud de casos de dopaje con diferentes sustancias ilegales. La práctica del dopaje, al aumentar la competitividad en el deporte, está llegando hasta límites insospechados.

Hay quien llega a decir que las olimpiadas de Londres fueron las de los atletas “transgénicos” y es que la ciencia avanza a tal velocidad que incluso representantes de la WADA (World Anti-Doping Agency) o algunos deportistas llegan a afirmar que sería mejor legalizar el uso de cualquier tipo de sustancia.

Hasta el día de hoy las técnicas de dopaje más utilizadas han sido las sustancias anabolizantes, broncodilatadores o transfusiones sanguíneas, pero en los últimos años corre el rumor que algunos atletas pueden ya estar haciendo uso de otras metodologías más potentes y casi indetectables como sería la manipulación genética. Algunas de las prácticas que se creen que ya son realidad son:

Repoxigen: este producto es utilizado para tratamientos de anemias (hasta el momento solo testado con ratones). Consistiría en inyectar un gen con la hormona Eritropoyetina (EPO) que aumentaría los niveles de hematocrito de manera natural, siendo así indetectable con los medios utilizados hasta ahora.

IGF-1: el factor de crecimiento insulínico es una potente hormona anabólica. Al inyectar un gen con esta hormona conseguiríamos aumentar la masa muscular mas fácilmente, mejorar la recuperación del entrenamiento, mejor asimilación de nutrientes, etc.

Aumentar la producción de miosina IIb: consistiría en aumentar la producción de esta proteína en el músculo. El principal beneficio de esta proteína es aumentar la capacidad de generar potencia, mayor velocidad de contracción y mejorar la elasticidad. Mejoraría enormemente el rendimiento sobre todo en disciplinas de velocidad.

El gran problema de todo esto es que aun no se han realizado estudios en humanos, sólo en ratones, por lo que se desconocen los efectos adversos que podrían provocar.

Entre dichos efectos se contemplan infartos de cerebrales, diferentes cardiopatías y cáncer. Todo con el fin de conseguir superhombres o superatletas, pero nunca deberíamos olvidar que quien entrena y compite es una persona.

Los Juegos Olímpicos modernos fueron “rescatados” por Pierre Coubertin con el fin de crear lazos como demuestra su símbolo, no deberíamos perder los verdaderos valores que representan ni olvidar que las primeras ediciones el requisito imprescindible para competir era ser amateur.

Imagen I La Extra – Grupo Diario de Morelia

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