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Apnea del sueño, uno de los trastornos más comunes: estas son sus causas, síntomas y tratamiento
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Apnea del sueño, uno de los trastornos más comunes: estas son sus causas, síntomas y tratamiento

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El conocido como síndrome de apnea-hipopnea durante el sueño afecta a más del 4% de los adultos. Además de no ser una cifra baladí, en los peores casos, este mal puede tener consecuencias fatales.

Sin llegar a la muerte, la apnea es un factor asociado a la obesidad, en las dos direcciones, provocando una pérdida de calidad de vida muy sensible debido a la falta de descanso, entre otras muchas cosas. ¿A qué se debe esta enfermedad?

¿Qué es la apnea del sueño?

Apnea es una palabra que hace referencia al cese de la respiración. Normalmente se tiene en cuenta cuando se deja de respirar más de 10 segundos, aunque esto depende del tipo de apnea que estemos considerando. Pero, volviendo al tema, se le conoce como síndrome de hipersomnia y respiración periódica o síndrome de Pickwick asociado con obesidad, a esta afección, normalmente conocida como "apnea del sueño" a secas.

Siendo más correctos, el síndrome de apnea-hipoapnea del sueño se debe a episodios repetidos de obstrucción o colapso de la vía aérea superior. Estos tienen lugar mientras la persona duerme, debido a que la vía respiratoria se estrecha, se bloquea o se vuelve flexible. Se puede dar una reducción, o hipopnea, o bien la detención completa del flujo de aire hacia los pulmones.

Esto puede producir, entre otros efectos, una disminución de los niveles de oxígeno y un aumento del nivel de CO2 en la sangre, así como un pequeño despertar, a menudo subconsciente, que permite recuperar la respiración normal hasta que se produce el siguiente episodio. Por lo general, la respiración vuelve a la normalidad, a veces con un ronquido fuerte o con un sonido parecido al que una persona hace cuando se atraganta.

La duración de las pausas puede variar entre unos pocos segundos a varios minutos, y normalmente se producen entre cinco y treinta veces por hora, aunque es cierto que la mayoría de las personas sufren breves episodios de apnea mientras duermen. La apnea está catalogada según su "intensidad": se considera leve si las pausas ocurren entre 10 y 20 veces por hora; moderada si ocurre entre 20 y 30 veces por hora y severa si ocurren más de 30 veces por hora.​

¿Por qué ocurre la apnea del sueño?

Más allá de las cuestiones físicas, la apnea del sueño tiene un buen cúmulo de razones. Aunque todos sufrimos pequeños episodios de apnea durante nuestra vida, los hombres son más propensos a sufrirla de manera patológica, hasta que llega la menopausia en la mujer, momento en el que el número de incidencias se equipara.

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La obesidad es uno de los factores más importantes, ya que provoca una apnea obstructiva, debido a la masa de la persona y a la posición que adopta, que provoca una estrechez en la vía respiratoria. También existe un tipo de apnea conocida como "central", que proviene de la falta de señal por parte del cerebro y los centros respiratorios. Ambas se presentan de forma mixta, normalmente.

Otros factores que agudizan el problema son el retrognatismo mandibular y maxilar (cuando las mandíbula o la zona maxilar se encuentran en retroposición); la presencia de una campanilla, el paladar blando o la lengua muy grandes y el maxilar o la mandíbula muy pequeños; cuando hay vegetaciones adenoideas o una amígdala significativamente grande.

Curiosamente, dormir boca arriba también aumenta la probabilidad de sufrir una apnea del sueño. Por último, enfermedades de origen neuromotor, como la enfermedad de Wernicke, también se asocian a un mal funcionamiento de estas vías respiratorias y, por tanto, de la aparición de la apnea del sueño.

¿Qué consecuencias tiene la apnea del sueño?

Son muchas y variadas, ciertamente. El cuadro clínico típico de alguien con apnea contempla una somnolencia excesiva, que suele ser el primer indicador de la enfermedad. Esta ocurre por la mala calidad del sueño. Al no descansar adecuadamente, la persona piensa peor y más lentamente. En la última etapa se puede desarrollar fatiga crónica.

Por supuesto, asociado a la apnea suelen ir otros trastornos respiratorios. En ocasiones, como consecuencia de la poca calidad de descanso, o como parte de otro problema causante de la apnea, se dan diversos trastornos cardiovasculares. Entre ellas están la hipertensión, la arritmia y otros.

Al final, las peores consecuencias de la apnea son una calidad de vida reducida: el cansancio ayuda a que desciendan los niveles de actividad física. Al reducirse, esto hace que se gane peso, aumentando el círculo vicioso. La depresión, la falta de concentración, la ansiedad y otros trastornos también vienen asociados.

Por último, la apnea del sueño parece estar relacionada con un incremento de la aparición del cáncer. En concreto, las personas que pasan más de un 12% de la noche con una saturación de oxígeno por debajo de 90% tienen un riesgo de cáncer más de dos veces superior. Esta relación es importante a la hora de entender la epidemiología de ambas enfermedades.

La apnea del sueño, ¿se puede tratar?

Sí. El factor principal para trabajar la apnea del sueño es un cambio esencial en el estilo de vida. Dependiendo del historial del paciente, se recomiendan siempre algunas acciones que van de las más generales a las más específicas. Entre las primeras están, indudablemente, el dejar el alcohol y evitar el tabaco. Ambas son importantes para conseguir un buen descanso.

Controlar lo que comemos, mejorar nuestra dieta de manera saludable y aumentar la actividad física son, también, inherentes al tratamiento. La idea es conseguir una situación física más saludable. Con esto debería reducirse el peligro de la apnea del sueño casi por completo.

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No obstante, también existen otras medidas más drásticas que ayudan a mantener las vías respiratorias abiertas. Entre ellas están los aparatos de presión positiva continua en la vía aérea, CPAP; o los APAP automáticos, una evolución de estos otros. Estos aparatos se utilizan en casa para controlar los episodios de apnea.

Por último, en casos muy concretos, la cirugía puede ayudar a ciertas personas. Por ejemplo, una cirugía maxilar o mandibular, o sobre los tejidos blandos, puede ayudar a reducir el peligro de obstrucción. En cualquiera de estos casos, la intervención solo se hace por decisión médica y tras tener muy claro que es el único método posible para poder conseguir un buen resultado.

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