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Impotencia sexual: causas, síntomas y tratamiento
Sexualidad

Impotencia sexual: causas, síntomas y tratamiento

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La impotencia sexual o disfunción eréctil es el nombre que reciben los problemas continuados que pueden padecer algunos hombres para conseguir o mantener una erección el tiempo suficiente como para disfrutar de las relaciones sexuales.

En un acto tan rico y complejo como es el sexo, en el que interviene el cerebro, las hormonas, los nervios, el sistema sanguíneo y los músculos, no es de extrañar que a veces algún elemento pueda fallar, ya sea físico y psicológico, y la erección no sea posible. A la mayoría de los hombres, por no decir a todos, les ha ocurrido alguna vez. Aun así, sigue siendo un tema tabú, un motivo de vergüenza que dificulta que se hable de ello con normalidad y así se solucione con más facilidad.

En muchos casos, los problemas de erección son puntuales y no suponen un problema grave, pero otras veces la disfunción puede prolongarse en el tiempo y es útil buscar ayuda.

Síntomas de la disfunción eréctil

Los síntomas son bastante obvios y sencillos: problemas para tener una erección en aquellos momentos en los que se busca con la idea de mantener relaciones sexuales (a veces sí se consiguen en otros momentos gracias a la masturbación cuando la causa no es física sino psicológica), y para mantenerla el tiempo suficiente para completar esas relaciones de forma satisfactoria (lo que comúnmente se llama un gatillazo).

Si bien esto puede ocurrir de forma esporádica a lo largo de la vida, se considera problemático precisamente cuando se convierte en un problema que genera ansiedad o frustración.

Posibles causas de la impotencia sexual

Como decimos, tanto el sexo como la propia disfunción eréctil son asuntos complejos y las causas detrás de esta pueden ser varias, a menudo combinadas entre sí y muchas veces poco definidas. Aun así, estas son algunas de ellas.

Enfermedades y problemas médicos

Algunas patologías afectan a los elementos involucrados en una erección y hacen que esta sea más difícil o imposible. Estas son las más generales, pero no las únicas.

Por ejemplo, los problemas circulatorios. Puesto que la erección se produce al llenarse de sangre el interior del pene, si existe algún problema cardiovascular, este puede dificultar este paso.

Otro ejemplo es la diabetes, que puede adelantar la aparición de síntomas asociados a la edad, como por ejemplo la disfunción eréctil. El motivo es que la diabetes puede causar daños en los vasos sanguíneos, provocando esos mismos problemas para que la sangre circule correctamente y que se produzca una erección.

Enfermedades del sistema nervioso como la esclerosis múltiple o lesiones medulares o nerviosas también pueden provocar disfunción eréctil, ya que es necesaria la intervención del sistema nervioso para transmitir las señales de excitación del cerebro al pene.

Algunos tipos de medicación

Igual que las enfermedades, los medicamentos que afectan al sistema circulatorio o al nervioso pueden interferir con los mecanismos necesarios para lograr una erección.

Esto incluye algunos de los tratamientos para la hipertensión así como tranquilizantes, sedantes, antidepresivos y medicamentos para el control del hambre.

También algunos de los tratamientos que se utilizan para determinados tipos de cáncer, ya que suponen una alteración de los niveles hormonales normales. Un ejemplo son algunos medicamentos para el tratamiento de algunos cánceres de próstata, ya que suponen la supresión de la testosterona, necesaria para lograr una erección.

Algunos comportamientos que afectan a la salud

Algunos componentes de determinados estilos de vida pueden afectar a la disfunción eréctil, especialmente aquellos relacionados con una baja calidad de vida, como el consumo de drogas y alcohol, el sobrepeso, el sedentarismo o el tabaquismo.

Causas psicológicas

Tanto en las relaciones sexuales en general como en el hecho de conseguir una erección en concreto, los factores psicológicos juegan una gran influencia.

Enfermedades como la depresión, el estrés o la ansiedad pueden tener un gran impacto, pero también el propio miedo al fracaso sexual puede terminar siendo una profecía autocumplida y provocar ese fracaso.

Sentimientos de culpa, baja autoestima o traumas anteriores relacionados con la vida sexual pueden estar también detrás de episodios esporádicos o constantes de impotencia sexual.

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Soluciones para la disfunción eréctil

Los tratamientos para la disfunción eréctil varían dependiendo de cuál es su causa. Lo mejor es consultar con un urólogo o un psicólogo que puedan determinar el origen del problema y así aportar la mejor solución. Estas pueden ser algunas de sus recomendaciones.

Cambios en el estilo de vida

Si se lleva una vida poco saludable, es posible que el médico comience por ahí, recomendando algunos cambios como dejar de fumar, reducir el consumo de alcohol, realizar ejercicio físico de forma habitual y mejorar la alimentación. Dado que el factor psicológico es importante, puede que estos cambios, tanto por su efecto directo como por su componente de bienestar, sean suficientes para mejorar el problema.

Acudir a un psicólogo

Igualmente, si el problema tiene un origen psicológico, puede ser de ayuda acudir a la consulta de un especialista con el que tratar asuntos como la ansiedad, el miedo a fallar, la presión, la baja autoestima...

Cambios en la medicación

Si un tratamiento está en el origen del problema, el médico puede recomendar cambiar la dosis o la medicación para tratar de darle solución. Sin embargo, es importante tomar esta decisión en conjunto con un especialista en su patología y nunca decidir hacerlo por su cuenta.

Medicaciones y tratamientos directos

Existen en el mercado distintas medicaciones y productos para solucionar la disfunción eréctil.

Las pastillas son una de ellas, por ejemplo el sidenafilo (Viagra). Estos medicamentos favorecen el riego sanguíneo hacia el pene y así favorecen y mantienen las erecciones. Es importante asegurarse antes de tomarlos de que no interfieren con otras medicaciones y patologías circulatorias.

Algunos tratamientos se basan en la regulación hormonal, aportando principalmente testosterona. Este tratamiento no sirve si el motivo es circulatorio o nervioso y puede tener algunos efectos secundarios, así que también debe tomarse bajo consejo médico.

Otros tratamientos no se toman vía oral, sino que se inyectan directamente en el pene, haciendo que este se llene inmediatamente de sangre. Tienen la ventaja de que su efecto es automático, pero son algo más engorrosos y menos discretos.

Soluciones mecánicas

Las bombas de vacío son otra opción. Estos dispositivos funcionan llenando los cuerpos cavernosos del pene de sangre de forma mecánica. Una vez obtenida la erección, se coloca un aro de goma en la base para mantener la sangre dentro y que la erección no desaparezca. Son algo más aparatosos y requieren cierta práctica para aprender a usarlos correctamente, pero a cambio no suelen tener efectos secundarios.

Una última alternativa es la cirugía, en la que se coloca una prótesis inflable o una flexible de silicona de forma que se puedan activar y conseguir erecciones a voluntad. Las intervenciones son sencillas y rápidas, pero en este caso los riesgos son mayores, como en cualquier operación.

Imágenes | Unsplash
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