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Tener ojos hasta en la espalda ya no es solo una frase hecha o, al menos, esos es lo que dicen las últimas investigaciones científicas

Tener ojos hasta en la espalda ya no es solo una frase hecha o, al menos, esos es lo que dicen las últimas investigaciones científicas
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Todos hemos dicho, o hemos escuchado decir a alguien, que parece que alguna persona tiene ojos hasta en la espalda, porque se entera de todo lo que pasa a su alrededor, aunque no lo esté viendo directamente. Parece que esto ya no es solo una frase hecha, o al menos eso es lo que dicen algunas nuevas investigaciones, refiriendo que gracias a un proceso de aprendizaje, somos capaces de hacernos una imagen visual de lo que ocurre 360º alrededor de nosotros.

El estudio, publicado en la revista Nature, y realizado por la Universidad Tohoku de Japón, incluía a 55 participantes, divididos en dos grupos - uno de ellos de 26 personas, y el otro de 29 personas -. Ninguno de los participantes sabía cuál era el objetivo del estudio.

Alrededor de cada participante, cubriendo los 360º, colocaron seis paneles en cada cual aparecían, cada vez, seis letras al mismo tiempo. A los participantes se les solicita que encontraran una letra objetivo (la letra T), entre las letras de distracción (la letra L). Todas ellas se distribuían de manera aleatoria y, para darle más dificultad, las letras, tanto la objetivo, como las distracción, podían aparecer rotadas.

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Los investigadores indican que, cuanto más se exponían los participantes a la disposición espacial en la que estaban - es decir, cuanto más tiempo estaban en el mismo espacio - más rápido encontraban la letra objetivo y ese tiempo no se veía ralentizado si la letra estaba a sus espaldas.

Según estos autores, esto podría implicar que nuestro procesamiento visual no se limita únicamente a lo que tenemos en nuestro campo visual, sino que nuestro cuerpo y la información del contexto que tenemos también influyen, facilitando que nuestro cerebro sea capaz de crear una representación de lo que nos rodea. Esta representación la utilizaríamos para poder ver lo que tenemos a nuestra espalda, sin tener que mirar realmente.

Este mecanismo, el aprendizaje de los estímulos repetidos, se haría de manera inconsciente y sin que estemos pendientes de ello. En el estudio refieren que esto podría ser útil no solo para movernos en ambientes conocidos, sino también en ambientes desconocidos que tengan similitudes con ambientes que ya conozcamos. También podrían ayudarnos en los deportes, o en actividades como conducir.

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