Cuando las hamburguesería se convierte en nuestro restaurante: error

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Siempre he dicho que no pasa nada por comer una hamburguesa, que sólo por llevar este nombre, el alimento en cuestión no tiene que ser poco saludable, y hay ejemplos que lo demuestran. El problema es cuando la hamburguesería o establecimiento fast-food se convierte en nuestro restaurante de referencia.

El problema de estos sitios, sobre todo de las grandes cadenas, es el alto contenido en grasas y azúcares con los que cuentan sus menús, sólo hay que analizarlos para darse cuenta. De vez en cuando en una dieta equilibrada uno se puede permitir este tipo de alimentos, pero convertirlo en algo frecuente es lo que hará que a la larga la dieta se derrumbre y la pirámide de nuestra alimentación se invierta.

La variedad es la base de una buena alimentación, y en este tipo de sitios la variedad es algo que brilla por su ausencia: poca fruta, apenas fibra, difícil conseguir las vitaminas y los hidratos complejos no son precisamente la base de la pirámide.

Consejo: no tomar como referencia ir a estos sitios siempre a comer o cenar. Los expertos limitan la visita a un fast-food a una vez por semana como máximo, y me parece una idea acertada, es el límite entre ocasionalmente y con cierta frecuencia.

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Imágen | LarimdaME

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