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La pobreza no solo afecta a tu educación y tu salud: también cambia tus genes
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La pobreza no solo afecta a tu educación y tu salud: también cambia tus genes

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Que la pobreza afecta al nivel educativo y el éxito social es algo muy conocido y estudiado. También sabemos la capacidad que tiene de determinar el impacto en la salud de las personas a niveles extraordinarios. Sin embargo, sus raíces pueden llegar aún más lejos.

Los estudios más recientes indican que el nivel socioeconómico es capaz de influir, incluso, en nuestros genes. Es algo que llevamos sospechando desde la aparición de la epigenética y cada vez está más claro. ¿Pero qué implicaciones tienen estos datos?

Sí, la pobreza también afecta a nuestros genes

Existen numerosos ensayos relacionando el estatus socioeconómico con el bienestar de las personas. Las razones son muchas, directas e indirectas: educación, acceso a recursos, a tiempo libre... Pero ¿en los genes? ¿Cómo es eso posible? La última de las investigaciones, publicada el pasado febrero, ha revisado el genoma de 489 ciudadanos filipinos, que donaron muestras genéticas hace unos años.

Los investigadores recabaron ciertas variables como los ingresos, los bienes familiares y la educación de los padres, por ejemplo, para hacer los perfiles de los voluntarios. Entonces los dividieron en dos grupos: humildes y acomodados. A partir de aquí, se dedicaron a analizar pormenorizadamente el genoma de cada uno de ellos.

Lo que encontraron es que existen patrones genéticos característicos. Pero, atención, y esta es la parte importante, no en los propios genes, sino en su metilación. La epigenética es un campo nuevo de estudio que versa sobre los cambios genéticos que no implican mutaciones. Las mutaciones son modificaciones "irreversibles" en la cadena de ADN, que es la que contiene toda la información genética.

Las metilaciones que estudia la epigenética, sin embargo, son cambios químicos en estas cadenas, que siguen siendo las mismas. Estos cambios químicos sí que son reversibles y actúan como interruptores según las condiciones externas. Las metilaciones controlan la expresión de unos u otros genes, lo que se traduce en diferencias fisiológicas.

Recapitulando lo anterior, a diferencia de las mutaciones, que cambian la cadena de ADN para siempre, los cambios epigenéticos sí que pueden volver a su estado original si se produce un cambio en la vida de los pacientes. En esta ocasión, ese cambio estaría relacionado con la pobreza. Pero cuidado con las conclusiones que podemos sacar al respecto.

Los genes, esos interesantes pero poco útiles marcadores

Al final, todos somos nuestros genes. Son estos los que determinan nuestro inicio y nuestro final. Sin embargo, cuando hablamos de sociología, la suma de los genes no es suficiente para explicar lo que se puede observar. Sí que podemos relacionar genes con procesos fisiológicos. También causas epigenéticas con la manifestación de ciertas condiciones. Pero, volvamos al ejemplo: Los investigadores del estudio anterior determinaron ciertos patrones.

En concreto, los científicos identificaron 2.546 metilaciones asociadas a 1.537 genes. ¿Podría este patrón sugerir la existencia de un mecanismo molecular mediante el cual la pobreza podría influir en múltiples procesos fisiológicos? Esta suposición es demasiado ambiciosa. Para que nos entendamos, supone reducir varios problemas de enorme complejidad a un mecanismo simplista.

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¿Puede haber relación? Sin duda, pero relación no quiere decir que haya causalidad, es decir, que exista un mecanismo de causa y efecto entre todo lo que ocurre. Pero esto tampoco quiere decir que no sea útil. En primer lugar, estos marcadores genéticos podrían ayudarnos a descubrir las causas de ciertas enfermedades o malestares asociados con la pobreza.

Por el momento, por ejemplo, sabemos que existen diferencias notables, a nivel epigenético, en la función inmunitaria, junto con el desarrollo del esqueleto y el sistema nervioso central. ¿Qué quiere decir? No lo sabemos todavía. Ni siquiera sabemos si realmente quiere decir algo. El propio autor principal de la investigación, Michael S. Kobor, lo ha dejado claro: "Hay que seguir investigando".

'Eppur si muove'

A pesar de las incógnitas y de no poder establecer una relación directa, como hemos dicho, sí que tenemos la certeza de que la pobreza afecta al bienestar e, incluso, a los genes. Este estudio no es el primero ni será el último. En 2016 se encontraron hasta 13 genes modificados por las condiciones socioeconómicas.

Los investigadores, que casualmente aprovecharon los mismos datos recogidos para hacer el estudio, pero sobre otras variables, explican que los factores externos no solo cambian nuestra conducta, sino que, debido a esto, también varía nuestro epigenoma (los valores epigenéticos de nuestro ADN) y, por tanto, nuestras fisiología. Es como la pescadilla que se muerde la cola.

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Por ejemplo, se conoce que la pobreza aumenta la posibilidad de sufrir una depresión. Pero esta, además, modifica el epigenoma de manera que hace a la gente con menos nivel socioeconómico más susceptible. Por otro lado, es importantísimo entender esta complicada relación.

En 2013, un grupo de investigadores criticaban duramente la hipótesis de dos economistas: "¿Existen los genes de la pobreza?", se preguntaban. Según su planteamiento, a lo mejor el desarrollo socioeconómico está ligado, de alguna manera, a la información genética. Este es un ejemplo, como decíamos, terriblemente simplista.

Y es peligroso porque corremos el riesgo de perder el foco de atención y discriminar por un motivo falso: no podemos determinar un valor social, económico, educativo o lo que sea por meros valores del genoma. Hacerlo supone olvidarnos de las soluciones, de justificar los problemas sociales, como la pobreza, mediante una respuesta fácil.

Desde luego, no podemos decir que no exista una relación entre el nivel socioeconómico y los genes, su expresión en concreto. Lo hemos comprobado. Pero ¿cómo podemos utilizar esta relación en beneficio de la humanidad? ¿Qué quiere decir, en concreto? ¿Qué no estamos viendo de dicha relación? Todavía queda un largo camino que recorrer para responder a estas cuestiones.

Imágenes | Unsplash, Wikimedia

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