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18 meses de alimentación vegetariana: esto es lo que he aprendido por el camino
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18 meses de alimentación vegetariana: esto es lo que he aprendido por el camino

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Parece que fue ayer cuando os contaba que llevaba seis meses sin comer carne ni pescado y os hablaba sobre cómo había reaccionado mi cuerpo frente a ello. Después de año y medio de haber optado por este tipo de alimentación, sigo contenta con la elección que hice en su momento y que pienso mantener.

El paso del tiempo y la distancia siempre nos dan una cierta perspectiva sobre las cosas. En el último año he cambiado un poco mi alimentación (siempre dentro del vegetarianismo) sobre todo con el fin de conseguir un mejor rendimiento deportivo. Os cuento lo que ha cambiado, lo que se ha mantenido igual y cómo he vivido este primer año y medio de alimentación vegetariana.

Nuevos cambios en mi dieta

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Como sabéis, el vegetarianismo permite algunos alimentos de origen animal, como los huevos, la miel, la leche y los derivados lácteos. De estos, os contaba en el anterior post que lo que más consumía era leche, mientras que los huevos los había dejado un poco aparte, simplemente porque no me hacía demasiada ilusión consumirlos (cuestión de gustos).

Sin embargo, en los últimos meses uno de los mayores cambios que he introducido en mi dieta ha sido el consumo de huevos bastante a menudo, sobre todo en forma de tortilla de claras (con una yema y generalmente alguna especia como orégano para darle un poco de sabor).

Los huevos son una muy buena fuente de proteína en una dieta vegetariana

Muchos días me costaba llegar al aporte de proteínas por tener que plantear menús deprisa y corriendo, y la forma más efectiva para mí era a través del huevo. También he optado en ocasiones por productos con un alto aporte de proteínas (estoy probando ahora la pasta y el müesli proteicos) que me ayudan a llegar al número de proteínas que necesito.

Para mejorar en los próximos meses: si en una dieta omnívora es importante organizar los menús con antelación para asegurarnos de que llegamos a nuestras necesidades de macronutrientes, lo es aun más en una dieta vegetariana. De cara a los próximos meses, para evitar desequilibrios, mi idea es tener preparados (o por lo menos apuntados) los menús con una semana de antelación.

Cambios en el entorno social y la vida diaria

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La visita al supermercado ha quedado como algo anecdótico, simplemente para comprar las cosas de la casa y la leche, la cual sigo consumiendo. Al principio seguía comprando frutas y verduras en el súper, pero en este último año me he pasado a la compra en el mercado y, por mi propia experiencia, no hay punto de comparación entre el sabor y la calidad de frutas y verduras en un lado y en el otro.

Esto, obviamente, no es aplicable en todos los casos, pero aun en el caso de que sigáis una dieta omnívora, os recomiendo buscar una buena frutería donde aprovisionarnos de vegetales. Además, comprando en el pequeño comercio beneficiaremos a estas pequeñas empresas y al consumo de proximidad.

A la hora de comer fuera de casa, antes me preocupaba bastante más si en un restaurante iban a tener alguna opción vegetariana para mí (a poder ser, que no se la eterna "ensalada sin nada"). Pero en estos últimos meses sí he notado que la oferta vegetariana, e incluso la vegana, ha tendido a crecer en la mayoría de establecimientos orientados al público general.

Llevar una dieta vegetariana no tiene por qué ser más caro o aburrido que una dieta omnívora

También os puedo decir que he ahorrado tiempo y dinero que ahora puedo invertir en otras cosas: el hecho de llevar una alimentación vegetariana, si está bien planteada, nos acercará al consumo de más alimentos y menos productos. Esto para mí se ha traducido en menos tiempo leyendo etiquetas nutricionales que he reinvertido en más tiempo en la cocina.

También, a pesar de que muchos piensan que una dieta vegetariana tiende a ser más cara, la verdad es que he ahorrado haciendo la compra. Es cierto que yo baso más mi alimentación en frutas, verduras, legumbres y cereales, y que rara vez compro productos que pueden tener un precio más elevado como el tofu, el tempeh, el seitán o la quinoa (que, dicho sea de paso, no son imprescindibles en una dieta vegetariana).

Cambios en el rendimiento deportivo

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Partimos de la base de que una dieta vegetariana bien planteada es perfectamente compatible con el entrenamiento de fuerza o de resistencia. Si tenemos dudas sobre cómo plantearla lo mejor siempre es acudir a un nutricionista especializado en el tema, que podrá informarnos sobre nuestro caso particular y darnos consejos personalizados.

En este caso mi entrenamiento ha cambiado porque lo he enfocado más en la carrera: en 2017 corro mi primera maratón y desde hace meses todos mis esfuerzos están encaminados a ello, mientras que en el pasado optaba más por el entrenamiento de fuerza (que no he dejado totalmente de lado).

Frutos secos: fuente de energía en el deportista vegetariano

Para poder hacer frente al entrenamiento de cara a la maratón sí estoy incluyendo algunos alimentos que antes pasaban desapercibidos en mi dieta, como por ejemplo los frutos secos: para mí son la mejor fuente de energía antes de un entrenamiento exigente, y me permiten rendir como necesito.

Al margen de esto, sigo suplementándome cada semana con B12, la única suplementación que se recomienda a todos los vegetarianos (y veganos).

Sigo pensando en pasarme al veganismo cuando me sienta preparada, un momento que aún no ha llegado. Cuando lo haga, sin duda será de la mano de un profesional de la nutrición que pueda aconsejarme de forma personal y en función de mis gustos y necesidades.

Imágenes | iStock
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