¿Quién no conoce a Juancamina? un lector que es todo superación

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Poca gente hay en Vitónica que no conozca al gran Juancamina, un lector que es todo superación, esfuerzo y un ejemplo de cómo afrontar de forma saludable la vida. A Juancamina es habitual verle por los comentarios, siempre está al tanto de lo que se escribe, debate con los editores, lectores y no se cansa de aprender y de enseñar. El relato que escribe a continuación no tiene desperdicio, una crónica de cómo cambió su vida al descubrir el deporte.

Un problema de salud grave fue el punto de inflexión sobre cuestiones existenciales que se plantean a menudo cualquier ser humano en algún momento de su vida. Comprendí en un instante lo transitorio de nuestra existencia, la angustia enorme de enfrentar una situación donde claramente es posible morirse y, la opción de una nueva realidad por delante cuando, gracias a la medicina y a Dios, esta alternativa pudo ser superada.

Haber dejado el cigarrillo me motivó a realizar cada vez más actividad física. Así estuve caminando por algunos años. Luego tomé una bicicleta y de a poco incrementé los esfuerzos diarios: caminaba y pedaleaba. Mi condición física, tan deplorable al principio que no me permitía caminar más de dos kilómetros, fue mejorando. Mis pedaleos llegaron a cinco días a la semana.

Entonces tuve otra perspectiva de la actividad física. Comencé a pensar seriamente en la necesidad de incrementar los esfuerzos para tener mejores resultados. Nunca en mi vida había trotado y en mis salidas de bicicleta admiraba a aquellos que lo hacían. Siempre supuse el trote como una actividad suprema. Creo que el correr es algo que el homo sapiens perdió en su evolución. Para quienes lo hacemos resulta difícil explicar porqué, aún cansados, sentimos esa sensación de libertad y felicidad.

Mis comienzos fueron de a cincuenta metros. Me tomó mucho tiempo pero un buen día y a duras penas llegué a los cinco kilómetros. Recuerdo no haber tenido con quien compartir tan buena noticia, porque, la verdad, el mundo sigue su curso sin interesarle mucho lo que a uno le parece fantástico.

Por estas épocas descubrí Vitónica buscando información para mejorar mi condición física e intentar correr más kilómetros. Leerla y entender que debía ampliar a un gimnasio mi actividad si quería mejorar fue muy rápido. El gimnasio me abrió un universo desconocido hasta entonces, por muchas razones, pero sobre todo por la modificación que logré en el aspecto físico, que, aunque parezca mentira, la edad no lo limitó. Siempre se mejora si se tiene ánimo, persistencia y obediencia en los planes de entrenamiento.

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El gimnasio además me abrió otra puerta: la de los instructores. Siempre había realizado una actividad física doméstica, muy a mi manera. Sin conocimiento ni fundamentos. Era voluntarista. Mis instructores tomaron mi empeño por mejorar, tanto en el gimnasio como en el trote, como suyo. Podrían ser mis hijos pero se convirtieron en mis maestros y amigos. En el sentido técnico, humano y anímico.

Agregar entrenamientos de fuerza y tener quienes me orientaran en el running fue un paso importante. Tuve a partir de entonces quienes me llevaran de la mano para mejorar. Es cierto que he puesto siempre voluntad y muchas ganas, pero con voluntarismo solo no alcanza.

Toda esta actividad física me ayudó a bajar de peso. Aunque los objetivos que uno propone no se logran si, además de la actividad física, no se modifican los hábitos alimenticios. Aquí también Vitónica me aportó grandes conocimientos en todos los post referidos al tema nutricional.

Los kilómetros recorridos comenzaron a aumentar gradualmente. Pude superar, después de la gran barrera de los cinco kilómetros, la de los 10, de los 12, de los 15, de los 18 y finalmente correr una media maratón.

Comencé a participar en carreras zonales del orden de los ocho a diez kilómetros que se desarrollan una vez por mes. Estas carreras me permitieron descubrir dos cosas importantes: una que yo no era la única persona de edad que corría. Hay muchos y mayores que yo. La segunda que todos ellos corren más rápido.

Con el amor propio herido volví angustiado a mis instructores para que me ayuden a resolver mi baja velocidad para poder ponerme a la par de mis colegas. Surgieron entonces los entrenamientos de resistencia, de rodajes largos y en el gimnasio además de los de fuerza, los entrenamientos de circuitos. Y he tenido mejoras mínimas de velocidad pero no lo suficientes como para ponerme a la par de quienes han corrido toda la vida.

El cigarrillo afectó mi capacidad de función pulmonar a un 76 % del promedio para mi edad y condición, y luego de más de mil kilómetros de rodaje volví a repetir el estudio y no he mejorado ni un mínimo la misma. Triste realidad de las consecuencias de un vicio desgraciado. Para que tomen nota, si pueden, quienes fuman.

Igualmente persisto intentando objetivos más modestos: quisiera mejorar treinta segundos el kilómetro en el próximo año.

Vitónica me permitió intercambiar opiniones con los usuarios. Así de ellos tomé muchas sugerencias e ideas, algunas de las cuales puse en práctica. Entre las más notables la natación para intentar mejorar mi capacidad aeróbica. Y tantas otras de quienes son mis expertos y con quienes hemos cursado intercambios muy interesantes.

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Muchos han expresado cierta sorpresa por el esfuerzo y empeño que pongo en el desarrollo de la actividad física para la edad que tengo. Sin embargo nunca me pareció particularmente destacable porque es consecuencia de un arrepentimiento tardío. Si me parecen admirables todos los jóvenes que dan ejemplo con su vida deportiva.

Sí desearía que pueda ser imitada por quienes, superando el medio siglo de vida y están viviendo desordenadamente, entiendan que existe otra forma de afrontar el último tramo de sus vidas. Que todos recapaciten que somos irrepetibles y tenemos fecha de vencimiento. Poco esfuerzo genera un bienestar inmenso. Con 9 horas semanales puede ser suficiente.

La salud no puede comprarse ni tiene precio. Y la salud se construye con un poco de empeño todos los días. Es cierto que los genes de la longevidad son importantes. Pero si uno les ayuda mucho mejor. Mejorar nuestra calidad de vida, además de todos los beneficios que nos acredita, se extiende a la familia y a la sociedad.

Hay miles de personas de edad mayor corriendo por el mundo. Ironmans y deportistas de más de 70 años hay más de uno. Verlos conmueve y son una luz en el camino: siempre podemos proponernos una meta superior y lograrla. Gladys Burrill hace pocos meses, con 92 años, completó en 9 horas 53 minutos la maratón de Honolulu. Esto es más que admirable.

Nunca es tarde y el esfuerzo vale la pena. El resultado fantástico: tener un organismo sano y llevarnos mejor con todos y con nosotros mismos.

Después de esto seguro que a muchos os entran ganas de salir a la calle y poneros en forma porque todo es posible con un poco de motivación y fuerza de voluntad. Muchas gracias a Juancamina por compartir su historia con nosotros.

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