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Así funcionan los aceleradores lineales: las máquinas contra el cáncer donadas por Amancio Ortega
Prevención

Así funcionan los aceleradores lineales: las máquinas contra el cáncer donadas por Amancio Ortega

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Durante el pasado 2018 se cerró una de las donaciones más polémicas de los últimos tiempos: la Fundación Amancio Ortega, homónima del magnate dueño de Inditex, regalaba más de 300 millones de euros en tecnología para combatir el cáncer. Los aceleradores lineales son, probablemente, las máquinas más vistosas y llamativas en este evento, con un coste superior a los dos millones cada una.A estas alturas, ya hay quien las llama "las máquinas de Amancio". Por otro lado, no faltan voces (cientos de ellas), que critican la acción y las consecuencias. En cualquier caso, nosotros vamos a hablar de qué se tratan estos aceleradores y cómo funcionan.

Aceleradores lineales contra el cáncer, ¿cómo funcionan?

Aunque la fundación ha donado muchísimo dinero en material de última generación, los buques insignia de la donación son, sin duda, los aceleradores lineales. Como modelos de última generación, estas máquinas "de Amancio", como las han bautizado tanto defensores como detractores, son una maravilla tecnológica.Los LINAC, o aceleradores lineales tienen mucho en común con el LHC, el gran colisionador de hadrones, pero no es circular, sino lineal (como su nombre indica). Imaginemos que tenemos una fuente de radiación controlada. Esta "lanza" protones como consecuencia de la desintegración de este material.

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Entonces, mediante unos canales especiales, como si de un cañón se tratase, se lanza la partícula, acelerándola por su carga. Así, esta va cogiendo cada vez más velocidad. De hecho, alcanza velocidades increíbles y se le hace chocar contra una placa metálica.

Esto produce rayos X de alta energía que irradian el tejido tumoral, destruyéndolo. El acelerador enfoca el haz de partículas con muchísima precisión, de manera que solo ataca el área afectada por el tumor, sin salirse. Los últimos aceleradores, como estas "máquinas de Amancio", son extremadamente precisas, tienen más potencia que otros modelos más antiguos, y son más pequeñas y menos aparatosas.

Precisión y velocidad, sus principales ventajas

Los LINAC más modernos poseen un sistema de escáner de precisión en tiempo real. Este, además, está asistido por inteligencia artificial, de manera que, con la ayuda del radiólogo, el oncólogo y el enfermero operador de la máquina, se observa y se decide la zona que se va a tratar.

Entonces, la persona, que está tumbada en la máquina, puede recibir una descarga de radiación muy intensa, pero también muy precisa. De esta manera, se ataca el tejido enfermo sin afectar al resto. Esta radiación no contamina el resto de tejidos ni supone un problema mayor para la persona.

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Las máquinas más modernas permite administrar una sesión de radiación con una potencia mayor en menos tiempo, de manera que aumenta la efectividad y reduce el riesgo del tratamiento. Esto es especialmente efectivo en tumores de difícil acceso o móviles, como ocurre con los pulmones, que siempre están en movimiento.

El ordenador calcula la profundidad, el tamaño y la posición según se mueve, irradiando solo la parte necesaria. De esta manera se evita el daño adicional a otros tejidos. Estas máquinas mejoran muchísimo el tratamiento y el pronóstico con respecto a otras terapias, como la clásica quimioterapia (aunque no siempre las sustituye), o a máquinas más antiguas, que requerían de varias sesiones.

En concreto, el acelerador lineal de Meixoeiro, en Vigo, un TrueBeam, es capaz de acortar el tratamiento, según el tipo de tumor, llegando a mantener sesiones de apenas minutos, en vez de casi una hora, y reduciendo los días de tratamiento.Con esto se aumenta enormemente la calidad de vida de los pacientes, así como sus pronósticos, ya que permite tratar los tumores mejor y más rápido, sin tener que recurrir a tratamientos menos efectivos. Esto también ayuda a reducir los tiempos de espera debido a la duración de cada sesión.

¿En qué queda la polémica?

Además de estos aceleradores, la Fundación Amancio Ortega también ha donado (o va a donar) mamógrafos y otros aparatos, todos de última generación, a diversos hospitales. A pesar de la ventaja técnica que esto representa, son numerosas las quejas vertidas sobre la donación. Desde el comienzo, las críticas no han parado de lloverle a estas "máquinas de Amancio". ¿Por qué?Los puntos esgrimidos por entidades como la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FDASP), son varios. El primero y más importante, explican, es que las necesidades de la sanidad pública han de resolverse mejorando la inyección de fondos, procedentes de impuestos y otras vías administrativas adecuadas, y no mediante donaciones privadas.En segundo, algunas voces dentro del mundo sanitario consultadas por Vitónica, y que no han querido revelar su identidad, se quejan de que en vez de optar por la compra de ciertos aparatos, siguiendo ciertas especificaciones irrebatibles, la donación podría haberse hecho de forma monetaria.

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Según opinan estas personas, procedentes del mundo de la enfermería, el adquirir maquinaria parece más una maniobra para reducir el pago de impuestos y lavar la imagen de la fundación. Otro de los puntos debatidos es la externalización de los servicios de formación, manipulación y mantenimiento (o de todo el servicio de radiología completo), ya que estas máquinas requieren de lugares, permisos y técnicos especiales para poder usarlas.

En este sentido, también desde la FDASP se quejan de que este tipo de "regalo" tecnológico promueve un consumismo sanitario innecesario. Con el uso de estas máquinas, crece la dependencia de otros agentes externos que pueden terminar ayudando a aumentar la deuda de los hospitales públicos. Por otro lado, esto también ayudaría a promover una serie de pruebas médicas que se muestran innecesarias en vez de velar por una correcta prevención.

La donación ha servido de impulso al grito de la FDASP en contra de los recortes en sanidad, desde donde se defiende la necesidad de más y mejores medidas para preservar la salud de la sanidad pública. Mientras tanto, otras opiniones se han alzado como defensoras de la donación, no por una cuestión político social sino puramente práctica: mejorar el pronóstico de los pacientes.

Por el momento, los pacientes, las asociaciones, los hospitales y el Gobiernos conviven en un ambiente tenso, como poco, ante este movimiento de la Fundación Amancio Ortega. Mientras que algunos ven solo lo positivo, hay quien parece ver solo lo negativo. Por el momento, las "máquinas de Amancio" siguen llegando a sus destinos, según los compromisos de la fundación, y ya comienzan a funcionar, mientras seguimos discutiendo su presencia.

Imágenes | Wikimedia, Unsplash

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