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Mascarillas para evitar la contaminación o la gripe, ¿realmente sirven de algo?

Mascarillas para evitar la contaminación o la gripe, ¿realmente sirven de algo?
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La mala calidad del aire tiene efectos negativos sobre la salud. La contaminación agrava el estado de las personas susceptibles de padecer enfermedades respiratorias, especialmente niños y ancianos. Por otro lado, la gripe también puede empeorar la situación de los pacientes, además de que su mortalidad ronda el 10% de los afectados, en todo el mundo.

Ante estos datos, una solución sencilla parece solucionar muchos de estos problemas: una mascarilla. Son baratas, no son especialmente incómodas, fáciles de llevar y de comprar... ¿Podrán protegernos adecuadamente de la contaminación y la gripe?

Los peligros que flotan en el aire

Actualmente la contaminación es la principal causa medioambiental de enfermedades y muertes prematuras en todo el mundo. Hablamos de unas 9 millones de muertes solo en 2015, un 16% del total para ese año. El problema de la contaminación son las sustancias químicas y las partículas que flotan en el aire.

Sus componentes principales son el óxidos de nitrógeno, dióxido de azufre o trióxido de azufre, tres agentes químicos muy reactivos producto de la combustión, principalmente. Las partículas en suspensión, sin embargo, son responsables de todo tipo de enfermedades respiratorias, y se consideran las más perjudiciales de todas.

Estas últimas pueden ser de diversos tamaños. Las partículas entre 2,5 y 10 micrómetros no son visibles a ojo desnudo, pero son capaces de obstruir los bronquiolos, promocionar las infecciones o jugar un papel decisivo en patologías como el cáncer. Por otro lado, las partículas más pequeñas, de apenas nanómetros, tambien son muy peligrosas, ya que pueden introducirse en nuestro torrente sanguíneo.

La contaminación, además, puede provocar problemas en otros órganos, como los riñones o el corazón. Por si fuera poco, ahora que hay más humedad, se disparan los casos de resfriado y gripe. El virus de la gripe se transmite a partir de las gotículas (gotas minúsculas) del aire. Teniendo en cuenta todo lo que flota por ahí, ¿nos servirá una máscara para protegernos?

¿Funcionan las mascarillas? Una respuesta en tres actos

Para responder a la pregunta podemos tratar de contestar a tres puntos. También es importante entender que no es lo mismo detener la contaminación que los virus de la gripe. Veamos:

¿Detienen las partículas pequeñas?

En primer lugar, como decíamos, las partículas en suspensión, de entre 2,5 y 10 micrómetros son las más perjudiciales, tal y como veíamos. Según los análisis realizados, que consisten básicamente en exponer las máscaras a gases diversos y contar las partículas retenidas, existen diferencias según el tipo de máscara.

Así, las máscaras médicas, las más baratas, consiguen retener bastantes partículas contaminantes, aunque los resultados son mejorados por las máscaras de polvo especializadas para ambientes laborales.

Esto no ocurre con los gases disueltos en el aire, como el NO2, el SO2 o el SO3, por ejemplo. Tampoco sirven para detener el virus de la gripe en sí mismo, que apenas tiene unas decenas de nanómetros (mucho menos que los micrómetros), ni las partículas nanométricas de las que hablábamos.

Sin embargo, mientras que las partículas nanométricas flotan libres en el aire, los virus provienen, como hemos explicado, de las gotículas de saliva y vapor de agua de las vías respiratorias, que sí que son detenidas con cierta eficiencia. Por tanto, sí podemos decir que el virus es detenido en cierta medida, aunque su tamaño sea inferior al del filtro.

¿Funcionan cuando las llevamos puestas?

Está muy bien eso de analizar la máscara en un laboratorio, pero llevarla puesta no es lo mismo. ¿Podemos decir que funcionan, sin lugar a dudas, cuando las llevamos puestas? Algunas pruebas indican que las máscaras rigidas normales no tienen una evidencia mayor del 60% a la hora de retener partículas.

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Las máscaras especializadas dentro del ámbito industrial, sin embargo, sí, llegando a una eficacia del 90%, más incluso que algunas más sofisticadas. Esto se debe, principalmente, al material con el que están diseñadas, las aberturas que dejan a los lados y cómo afecta la humedad de nuestro aliento al tejido. Seguimos teniendo el problema de las nanopartículas, eso sí.

¿Hay evidencias sobre la salud?

Llegamos por fin al quid de la cuestión: ¿existen evidencias que demuestren una mejora de salud en aquellos que llevan máscaras? Hemos visto dos aproximaciones buscando un mismo objetivo. Esta última pregunta, sin embargo, se fija en el resultado de conjunto, sin saber qué más factores entran en juego. Es necesario responder a las tres, al menos, para dar una buena respuesta.

Algunos análisis realizados en los ciudadanos de Pekín, una de las ciudades más contaminadas del mundo, indican que sí podría existir cierto beneficio en su uso. Sin embargo, este estudio es excesivamente concreto.

Si miramos el cuadro global veremos que existen pocas evidencias que avalen el uso de las máscaras para protegernos de la contaminación. Esta cuestión ha sido tratada en más de una ocasión, y la conclusión ha sido siempre la misma: no tenemos suficientes evidencias, hay que seguir investigando. ¿Invalida esto a las otras dos preguntas? No tiene por qué, pero está claro que sin esta respuesta, el uso de las máscaras contra las partículas contaminantes cojea mucho.

¿Y qué hay de la gripe? Aquí sí que tenemos ciertas evidencias positivas. La máscara, bien usada, podría ayudar a detener el avance del virus. No ocurre lo mismo con las partículas nanométricas de la contaminación.

En conclusión, ¿sirven o no sirven?

Si resumimos todo lo visto, podemos decir que las máscaras podrían tener cierta utilidad en cuanto a ambientes contaminados. Estas son más eficaces cuanto más contaminado es el aire, obviamente. Son mucho más útiles las máscaras profesionales diseñadas a tal fin que las rigidas de farmacia. Y ninguna detiene las partículas más pequeñas (muy por debajo de las PM 2,5).

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En cuanto a la gripe, sí que existen razones para pensar en su utilidad. Eso sí, siempre que se sigan algunos patrones básicos de uso. La OMS aconseja lo siguiente, en cuanto al uso de máscaras en un entorno con gripe:

  • Manténgase a no menos de un metro de toda persona con síntomas gripales, y absténgase de tocarse la boca y la nariz
  • Asegúrese de que cubre su boca y nariz, y anúdela firmemente para reducir al mínimo la separación entre la mascarilla y la cara
  • Mientras esté utilizándola, evite tocarla: siempre que toque una mascarilla usada, por ejemplo para quitársela o lavarla, limpie sus manos lavándolas con agua y jabón o frotándolas con un pañuelito empapado en alcohol
  • En cuanto la mascarilla esté húmeda, sustitúyala por otra limpia y seca
  • No reutilice las mascarillas de un solo uso, deseche inmediatamente las mascarillas de un solo uso una vez utilizadas

Si seguimos estos consejos, podríamos contar con una buena protección contra el virus. Sin embargo, la OMS advierte que una mascarilla mal utilizada puede ser peor y promover el contagio.

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