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Lo que tienes que saber sobre el metabolismo: ¿podemos "activarlo" o hacerlo más rápido?
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Lo que tienes que saber sobre el metabolismo: ¿podemos "activarlo" o hacerlo más rápido?

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Todo ser vivo realiza una serie de funciones: relacionarse, alimentarse, desplazarse... Detrás de todo esto está el metabolismo, un conjunto complicadísimo de reacciones fisiológicas. ¿En qué consiste exactamente?

Una de sus funciones principales es la de generar energía a partir de los recursos disponibles en el cuerpo: glúcidos y grasas principalmente. ¿Podemos hacer algo para que se produzca más energía? ¿Es posible "activar" el metabolismo para que nos ayude a quemar más grasas?

¿Qué es el metabolismo?

La palabra metabolismo viene del griego y quiere decir "capacidad de cambio". Esto hace referencia a la cualidad que tienen los seres vivos de poder cambiar químicamente la naturaleza de ciertas sustancias.

Cuando hablamos de metabolismo, lo hacemos sobre el proceso corporal encargado de producir y quemar energía a partir de los alimentos. El metabolismo es indispensable para vivir, y forma parte íntima de procesos como respirar, pensar, digerir, hacer circular la sangre, mantener caliente nuestro cuerpo...

El metabolismo se divide en dos tipos de procesos: anabolismo, que produce moléculas y sustancias, consumiendo energía; y catabolismo, que produce energía a partir de moléculas, como el azúcar. Cada proceso metabólico es una intrincada sucesión de reacciones químicas, de intercambio de moléculas, y de gradiente de sustancias, que permiten que todo funcione.

Debido a su íntima relación con la energía, existen numerosas creencias y mitos sobre "activar" el metabolismo para ayudarnos a conseguir más energía, consumir más grasas y ponernos más en forma. Pero, ¿realmente es posible hacerlo? Echemos un vistazo a lo que sabemos.

¿Qué es eso de "activar el metabolismo"?

Cuando nuestro cuerpo necesita mucha energía para realizar una actividad, automáticamente se desencadena una cascada de señales metabólicas. Estas funcionan de manera "encadenada", como si fuera un efecto dominó. El resultado es que el metabolismo, efectivamente, se "activa" y comienza a consumir más sustancias (grasas y glúcidos, normalmente) para producir más energía.

Esta maquinaria es dependiente de numerosas hormonas y señales. Es regulada de una forma muy precisa y a través de diversas acciones que actúan en la expresión de los genes, en la cantidad de sustancias, en la inactivación de enzimas... y en un sinfín más de puntos. Pero, ¿cuándo se produce esta activación?

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Básicamente cuando elevamos nuestro nivel de actividad física. El factor principal que aumenta la actividad de nuestro metabolismo o, en otras palabras, que consume más sustancias de reserva y produce más energía, es el ejercicio.

A pesar de que algunas otras actividades corporales consumen muchísima energía (pensar, por ejemplo, mantener el sistema excretor o la temperatura corporal), ninguna consume tantísimo como mover los músculos. Cuando los músculos comienzan a consumir, de pronto, se lanzan señales nerviosas, que desembocan en señales hormonales.

El músculo comienza a consumir glucosa, reduciendo la concentración inmediata en sangre. Cuando no es suficiente, el glucógeno (los glúcidos almacenados) y la grasa ya están en proceso de catabolismo para suministrar la energía adecuada. Este cambio en las sustancias provoca nuevas señales que hacen que el sistema se mantenga... y así se "activa" el metabolismo.

¿Qué pasa cuando nuestro metabolismo está acelerado?

Ya tenemos a nuestro metabolismo activado, produciendo energía para suplir las necesidades del músculo y otras partes del cuerpo. Esto ocurre gracias a nuestro sistema de homeostasis, que se encarga de mantener el equilibrio de todos los procesos que ocurren en el cuerpo para que no nos muramos, básicamente. Este sistema es muy preciso, y engloba a multitud de procesos metabólicos.

Así, cuando llevamos un rato haciendo ejercicio y, de pronto, dejamos de hacerlo, nuestro sistema todavía permanece un tiempo consumiendo glúcidos y grasas para producir energía, mientras todo se regula y desaparecen las señales que "activan" nuestro metabolismo.

Así, una vez activado, se necesita cierto tiempo para que el consumo vuelva a ser el de estado de reposo. Este proceso muchas veces se confunde con la idea de que podemos "activar" nuestro metabolismo a voluntad y de una manera casi maravillosa para comenzar a consumir sustancias de reserva sin hacer nada.

Además, también es bueno saber que el gasto metabólico, es decir, la energía que consumimos, depende de muchos factores y de cada cuerpo. Así, la masa (el peso), la cantidad de músculo y la edad, por ejemplo, determinan que un metabolismo sea más o menos activo. Estos conceptos, por desgracia, llevan muchas veces a equivocarnos.

Algunas ideas equivocadas sobre el metabolismo

Se venden multitud de soluciones, alimentos, dietas y productos que pretenden "acelerar el metabolismo". Si bien es cierto que algunas sustancias, en términos estrictos, pueden activar el metabolismo, es decir, acelerar el consumo de grasas y glúcidos, las consecuencias directas son más bien pocas.

Entre estas, por ejemplo, está la cafeína, la cual actúa sobre varios receptores que regulan la producción de energía. La cafeína, como cualquier otra molécula similar, solo actúa sobre el metabolismo de una manera discreta y ligera, durante muy poco tiempo y sin grandes cambios. No tiene mucho sentido consumir una sustancia, o realizar una acción sencilla, que "active el metabolismo" sin que esto tenga unas consecuencias negativas para el organismo.

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Eso es bueno, porque si pudiésemos activar y desactivar el metabolismo de una forma demasiado sencilla podríamos tener problemas con nuestra homeostasis: podríamos alcanzar una temperatura corporal demasiado alta, consumir excesiva cantidad de azúcar en sangre o no almacenar adecuadamente los lípidos. Si nos paramos a pensar un poco, eso mismo es lo que ocurre con algunas enfermedades tales como la hipertermia maligna, la diabetes o las dislipemias.

Si pudiésemos activar y desactivar el metabolismo de una forma demasiado sencilla podríamos tener problemas con nuestra homeostasis

La idea de "activar el metabolismo" tomando agua con limón, bajando el pH, tomando taurina, L-carnitina, vitamina B12, u otras sustancias va en contra del funcionamiento correcto del cuerpo. Si alguna de estas funciona, lo hacer porque estamos haciendo ejercicio, que es el verdadero y único activador real del metabolismo que existe. Y es una suerte para nosotros.

Sí que puedes acelerar tu metabolismo

Por supuesto que se puede, como decíamos. La única manera de hacerlo, eso sí, es generar músculo y ponernos en forma. A un nivel más técnico, un metabolismo lento está asociado a un cuerpo con gran cantidad de grasa, viejo o disfuncional. Por el contrario, un metabolismo rápido, que se activa velozmente y comienza a consumir grasa antes, corresponde a un cuerpo trabajado.

Como hemos dicho, es el músculo, su necesidad energética, el mejor (y casi único) activador del metabolismo. Cuanto más células musculares, cuanto más tejido magro, más fácil es que la maquinaria celular consuma energía y, por tanto, más sustancias de reserva queme. También se activa más rápidamente y reacciona mejor.

Esa es la razón por la cual una persona con una vida activa tiene una tasa metabólica basal mayor. La tasa metabólica basal es la cantidad de energía, normalmente en kilocalorías, que necesita nuestro cuerpo para mantenerse en estado de reposo. Esta aumenta a cuanto mayor es la cantidad de músculo en nuestro cuerpo. Y tiene todo el sentido del mundo, claro.

Un atleta tiene un metabolismo acelerado en comparación con el de una persona sedentaria, al igual que una persona joven lo tiene en comparación con una persona anciana. De esas dos variantes, solo podemos controlar nuestro estado mediante la actividad física que realizamos. Así que, si queremos aumentar nuestra actividad metabólica una vida activa y unos hábitos saludables son nuestra mejor opción.

Imágenes | Unsplash

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