Las cebollas son habituales en cualquier cesta de la compra, aunque no tengamos claro en qué momento las vamos a cocinar. Siempre hay un sofrito o una tortilla para darles salida, pero alguna acaba quedándose al fondo de la despensa más de la cuenta. Hasta que vamos a pelarla y descubrimos un tallo verde asomando por arriba.
La pregunta a si una cebolla germinada se puede utilizar o no, tiene una respuesta sencilla, y tal como afirma la nutricionista Deb Kennedy, se puede comer si sigue en buen estado, aunque es posible que su sabor sí se haya modificado: "Puede estar un poco amarga porque está envejeciendo".
Al brotar, la cebolla utiliza parte de los azúcares que almacena en el bulbo para alimentar el nuevo crecimiento. Puede perder dulzor y humedad, y volverse más amarga o fibrosa, pero aunque el tallo verde llame mucho la atención, el cambio de sabor a veces apenas se nota, sobre todo cuando la cocinamos.
Lo fundamental es que si presenta buen aspecto, más allá de los tallos, puedes picarla para un sofrito o un guiso. Al mezclarse con otros ingredientes, ese posible amargor resulta menos evidente que en una ensalada.
El Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación, EUFIC, también señala que las cebollas germinadas pueden aprovecharse cuando las capas interiores siguen firmes y no hay moho, y recomienda quitar los brotes. Si al abrirla aparecen zonas podridas o una textura viscosa, o desprende un olor desagradable, hay que desecharla.
Para conservar las que quedan en la despensa, busca un lugar fresco y seco, apartado del sol y con ventilación. Mejor una cesta o una bolsa de malla que una de plástico cerrada. La cebolla cortada sí necesita nevera, en un recipiente cerrado.
Foto | Natalia Sevruk
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