Compartir
Publicidad
El viaje de los alimentos: desde tu boca hasta tu intestino grueso
Anatomía

El viaje de los alimentos: desde tu boca hasta tu intestino grueso

Publicidad
Publicidad

Todos conocemos la importancia de la digestión en nuestra salud y nuestro organismo. Y, más o menos, todos sabemos un poco por encima cómo funciona el sistema digestivo - algo recordamos de lo que nos enseñaron en el colegio - pero si nos preguntan cuáles son los órganos implicados, el orden y la función exacta, empezamos a dudar. Es importante conocer cómo funciona nuestro cuerpo para poder cuidarlo, por lo que hoy os vamos a guiar en el viaje de los alimentos por nuestro sistema digestivo.

Img 20180619 131817

Boca

Una vez la comida entra en la boca, además del inmenso placer de degustar un alimento sabroso, también comienza el proceso digestivo. En este momento entran en acción los dientes, la lengua y la saliva. Ellos son los encargados de triturar y ablandar la comida para que sea capaz de atravesar el esófago sin atragantamientos - cosa que es muy de agradecer-. Además, comienza la descomposición química de los alimentos gracias a una enzima llamada amilasa. Al resultado de la masticación se le conoce como bolo alimenticio.

Faringe

El viaje del bolo alimenticio continúa por la faringe, camino del esófago. La faringe es un poco el perejil de todas las salsas. Y es que, siendo un tubo más bien pequeñito, situado en el cuello, es quien conecta a la nariz con la traquea y a la boca con el esófago. Por lo tanto, por aquí pasan tanto comida como aire. Lo maravilloso de la faringe es que está creada de tal forma que aire y comida llegan a sus respectivos destinos sin confusiones y sin ahogarnos en el proceso.

Esófago

De la faringe, el bolo alimenticio llega al esófago. Se trata de un conducto de unos 25-30cm mediante el que se conectan la faringe y el estómago. Por este conducto y, gracias a la deglución, el bolo alimenticio llega hasta el estómago. Aquí es donde empieza la verdadera fiesta.

Abdomen 1698565 1920

Estómago

En el estómago es dónde ocurre la magia. Para empezar, el bolo alimenticio es sometido a los corrosivos jugos gástricos que tienen enzimas digestivas. Las glándulas que hay en la mucosa del estómago son las que se encargan de producir estos jugos.

Mientras el bolo alimenticio sigue en el estómago, el hígado segrega la bilis. Esta es necesaria para la digestión de las grasas. Además, sirve como depósito de vitaminas, de proteínas y de glucóceno. Otra de sus tareas es intervenir en la metabolización de los lípidos y de sintetización de las proteínas. Podría decirse que en el estómago ocurre (casi) todo, pero que el hígado es el rey de la fiesta.

Duodeno y páncreas

El duodeno se encuentra entre el estómago y el intestino delgado. Mientras que el páncreas se encuentra detrás del estómago. Ambos tienen responsabilidad en la funcionalidad del intestino delgado.

Por una parte, el páncreas secreta enzimas digestivas y fluido alcalino para ayudar al proceso digestivo. Esta secreción se vierte en el duodeno. Además de esto, el páncreas es el encargado de secretar insulina que pasa a la sangre.

El duodeno recibe los jugos del páncreas y la bilis almacenada en la vesícula biliar. Aquí se completa la digestión y es donde comienza la absorción. En el duodeno empieza la absorción de nutrientes, como las vitaminas y los minerales.

En el duodeno se completa la digestión y comienza la absorción

Intestino delgado

El intestino delgado es un tubo que mide entre 3 y 5 metros de largo. Este tubo está dividido en tres partes: duodeno, yeyuno e Ileón y conecta con el intestino grueso.

En el duodeno se finaliza la digestión y los alimentos se acaban de transformar en sustancias más simples mediante la digestión. A su paso por el intestino delgado se realiza la absorción de los nutrientes, permitiendo que pasen del tubo digestivo a la sangre.

Intestino grueso

Llegamos al fin de trayecto. Esta es la última pieza del sistema digestivo y está formada por el ciego, el colón, el recto y el ano. En el intestino grueso -al contrario que en el delgado, donde el duodeno todavía procesaba los alimentos - no se da ningún tipo de procesamiento. Solo se produce la absorción de minerales, agua y algunas vitaminas.

Después de esto, todo el material que no haya sido absorbido debe ser desechado. Este material se descompone por medio de las bacterias existentes en la flora del intestino grueso. Esta descomposición finaliza en la formación de las heces.

Estas heces se acumulan en el recto y, posteriormente, se expulsan mediante el ano, dando fin al trabajo del sistema digestivo.

Todos los órganos involucrados en el sistema digestivo tienen algún papel importante en el proceso digestivo. La malfunción de cualquiera de ellos puede afectar a nuestra digestión y provocarnos malestar.

Imágenes |RTVE, Pixabay
En Vitónica | Por qué es tan importante masticar bien cada bocado
En Vitónica | Nuestro estilo de vida y la alimentación pueden pasar factura a la flora intestinal: la disbiosis, un trastorno poco conocido

Temas
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Inicio