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La ciencia detrás de la "pájara", uno de los peligros del running en verano

La ciencia detrás de la "pájara", uno de los peligros del running en verano
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La luz, el ambiente, el calorcito... todo se pone de nuestra parte en estos inicios de verano para salir a correr. Pero cuidado, porque el calor, la falta de previsión y los errores pueden jugarnos una mala pasada.

¿Quién no ha oído hablar de la "pájara"? ¿Y quién no la ha sufrido en sus propias carnes? Pues aquellas personas preparadas, por supuesto. Hoy hablamos de este problema y de la diferencia con otro relacionado, pero distinto: el golpe de calor.

¿Qué es una pájara?

¿Qué es una pájara? Aunque su denominación parece muy coloquial, se conoce con este término a un fallo fisiológico repentino. De pronto las piernas fallan, los músculos dejan de responder, se produce un mareo y, en el peor de los casos, hasta alucinaciones.

Este fenómeno ocurre normalmente en los deportes de resistencia, como en la carrera, y ocurre por el consumo de las reservas de glucosa en forma de glucógeno. Aunque todavía nos quedarían los ácidos grasos, estos tienen un catabolismo más lento. De pronto, los niveles de azúcar en sangre descienden, provocando una hipoglucemia.

Sin "alimento" inmediato, los músculos comienzan a fallar, puesto que no tienen energía para contraerse. El cerebro, muy sensible a la hipoglucemia, también deja de funcionar adecuadamente. Las consecuencias son, como decíamos, mareo, nauseas y debilidad muscular, que, en el peor de los casos, puede llegar al desmayo.

¿En qué se diferencia de un golpe de calor?

Muy parecido en síntomas, aunque no tanto en consecuencias, es el golpe de calor, también conocido como fallo por estrés por calor. Cuando la temperatura del cuerpo se eleva por encima de los 38 grados, el cuerpo comienza a sufrir los efectos del calor.

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Las proteínas comienzan a desnaturalizarse a partir de los 42 grados, momento en el que la temperatura puede resultar fatal. A pesar de que nuestro cuerpo está preparado para rebajarla de inmediato, mediante el sudor, si las condiciones externas no son propicias, y estamos haciendo ejercicio, puede que el calor nos sobrepase.

En ese momento, el cerebro comienza a sufrir las consecuencias y aparecen los primeros síntomas: mareo, fatiga, confusión... estos pueden llegar a alcanzar las alucinaciones, el desmayo por agotamiento hipertérmico y hasta un cuadro vegetativo. El calor, a diferencia de la pájara, puede llegar a ser letal, por lo que hay que extremar las precauciones.

¿Se pueden prevenir?

Por supuesto, tanto la pájara como el golpe de calor son prevenibles. De hecho, es mucho mejor esto que tratarlas. Para prevenir la pájara lo mejor que podemos hacer es controlar nuestros tiempos y esfuerzos para no incurrir en un sobreesfuerzo. También es conveniente ir bien "pertrechados", habiendo comido hidratos y bebido agua suficiente. Para esfuerzos muy grandes, la carga de hidratos es una buena manera de prevenir.

El golpe de calor es aún más sencillo de prevenir: solo tenemos que escoger las horas en las que haga menos calor para hacer deporte. Hidratarnos bien es esencial, así como usar ropa adecuada para la época del año. Pero lo más importante, con diferencia, es no salir a hacer deporte intenso en horas de mucho calor.

¿Y qué pasa si la prevención no ha servido de nada? En otras palabras, ¿qué debemos hacer cuando nos ha dado una pájara? Lo primero es detener la actividad en el mismo momento en que seamos conscientes de ello, para parar el gasto energético. No vale con aminorar el paso o bajar el ritmo si estamos corriendo: es obligatorio detenernos porque, de no ser así, las consecuencias pueden ser peores.

Inmediatamente después, deberíamos ingerir alimentos y bebidas que contengan azúcares de rápida absorción para que el cuerpo los asimile lo antes posible y pueda recuperarse. Una buena opción pueden ser las frutas desecadas, las bebidas azucaradas o isotónicas (no por las sales, sino por el azúcar) y las barritas energéticas.

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Con el golpe de calor la cuestión es aún más crucial, porque un golpe de calor severo puede tener consecuencias muy graves, incluso letales. Ante el más mínimo síntoma, que suele ser un mareo, debemos detenernos y buscar un sitio fresco. También es imprescindible hidratarnos de inmediato y tratar de bajar la temperatura de manera moderada pero firme. Esto quiere decir que no es conveniente usar agua helada de golpe, pero sí podría ser muy útil mojarnos de manera constante con agua templada.

Si sufrimos un cambio de temperatura brusco podríamos provocar una hidrocución, mal llamado corte de digestión, lo que podría empeorar la situación rápidamente. Ser conscientes del peligro que supone el calor y evitar las horas más intensas y la irradiación directa, además de una buena hidratación, será suficiente para evitar sus peligros.

Imágenes | Unsplash

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