No podemos detener el deterioro de nuestra función muscular, pero sí ralentizarlo: la clave es la actividad física

No podemos detener el deterioro de nuestra función muscular, pero sí ralentizarlo: la clave es la actividad física
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Cuando envejecemos notamos como nos arrugamos por fuera, pero no vemos las arrugas por dentro. Al igual que nuestro coche, nuestros mecanismos notan el paso del tiempo, aunque puede ser más o menos notorio en función de nuestro estilo de vida. La función pulmonar es uno de dichos mecanismos que se va reduciendo. ¿Qué conlleva ese empeoramiento? ¿Podemos hacer que vaya más lento?

La actividad física disminuye la pérdida de función pulmonar producida por la edad

La actividad física puede ralentizar el deterioro de la función pulmonar ocasionad por la edad, así como la capacidad aeróbica asociada en individuos sanos. Ese es el hallazgo de varios autores que han publicado su investigación en la prestigiosa revista Sports Medicine.

No es nada nuevo que la actividad física es una polipíldora válida para prevenir y tratar un amplio abanico de enfermedades. Sabiendo que el volumen de oxígeno máximo se relaciona con la morbilidad y la mortalidad, y que la actividad física evita su caída drástica con por la edad, podemos decir que la actividad física contribuye a reducir el riesgo de morbilidad y mortalidad.

A partir de los 30 - 40 años comienza la disminución de la función pulmonar, y se va pronunciando más a medida que cumplimos años. El entrenamiento aeróbico ayuda a ralentizar ese empeoramiento pulmonar manteniendo, entre otras cosas, nuestro consumo de oxígeno máximo (VO2máx).

Un VO2máx disminuido es un problema importante ya que está estrechamente relacionado con el riesgo de enfermedades cardiovasculares y mortalidad por todas las causas. El tabaquismo es uno de los ejemplos que disminuye nuestra función pulmonar y con ello aumentar el riesgo de enfermedad y muerte.

Cambios producidos en la función pulmonar que se ralentizan con la actividad física

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La elasticidad del corazón es uno de los cambios que ocurren a medida que cumplimos años y que puede perderse con mayor o menor velocidad según nuestro estilo de vida. La hipercifosis (chepa) está relacionada con la disminución de la función pulmonar, perdiendo así rendimiento en los músculos respiratorios.

Los pulmones reducen también con la edad su capacidad de difusión pulmonar y otras propiedades mecánicas, especialmente cuando nos movemos. Ahí entra en juego la actividad física que podría, al menos en parte, contrarrestar esos procesos que reducen la función del pulmón cuando envejecemos.

Varios son los estudios que indican una disminución más lenta de la función pulmonar en sujetos mayores que han estado realizando entrenamiento de resistencia de cierta intensidad a lo largo de su vida. Cambiar el tiempo que pasamos sentados por actividad física conduce a mejoras significativas en la función pulmonar. 

¿Cuánto ralentiza la actividad física la disminución de la función pulmonar relacionada con la edad?

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Actualmente no se conoce ya que no hay estudios longitudinales (a lo largo del tiempo) que lo hayan investigado. En gran parte se debe a que influyen otras muchas variables como por ejemplo el tabaquismo. Lo que sí podemos destacar es que hay evidencia creciente de los efectos beneficiosos de la actividad física regular sobre la función pulmonar.

Si el consumo de oxígeno máximo (VO2máx) está relacionado con la función pulmonar, se puede decir, según el conocimiento actual, que la actividad física podría ralentizar el deterioro de la función muscular típico del envejecimiento, y con ello de la morbilidad y mortalidad por ese camino.

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