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Los captadores de grasa de venta en farmacias: ¿de verdad funcionan?
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Los captadores de grasa de venta en farmacias: ¿de verdad funcionan?

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Hemos dicho aquí ya mil veces que a la hora de adelgazar no existen (o no deberíamos utilizar) atajos y que el único truco real para perder grasa es el de situarnos en un déficit calórico en el que ingerimos menos calorías de las que nuestro cuerpo consume, para así obligarle a utilizar las reservas energéticas que son las células de grasa de nuestro cuerpo.

Pero, si bien esta explicación es correcta, podríamos decir que no es del todo completa, o que no es algo tan simple. Para empezar, porque el consumo de calorías por parte de nuestro cuerpo no es siempre el mismo, depende de nuestro metabolismo, y hay algunas acciones concretas que influyen en ese metabolismo. Por otro, porque para ser exactos no habría que referirse a las calorías que ingerimos, sino a las que nuestro cuerpo absorbe dentro de las que ingerimos.

Cómo absorber menos calorías

Normalmente, calorías ingeridas y calorías absorbidas son prácticamente las mismas, pero ¿y si no lo fuesen? ¿Y si pudiésemos ingerir calorías sin preocupación porque un medicamento se encargase de encontrar y bloquear parte de las moléculas que las contienen de forma que no fuesen absorbidas por nuestro cuerpo durante la digestión y las expulsásemos al final?

Eso es lo que prometen los llamados captadores o bloqueadores de grasas, productos que se venden en las farmacias y que en teoría son una ayuda a la hora de adelgazar ya que reducen la cantidad de calorías que nuestro cuerpo absorbe durante la digestión al impedir que las grasas de los alimentos sean procesadas y ayudando a que sean expulsadas junto a las heces sin llegar a entrar en la corriente sanguínea.

Lo que dice la ciencia

Existen principalmente dos moléculas que cumplen esta función.

Chitosán

Una de ellas se llama chitosán o quitosano. Se trata de un polímero natural, extraído de caparazones de crustáceos como langostas y cangrejos. Se toma en pastillas junto a las comidas y cuando entra en contacto con los líquidos estomacales se convierte en un gel que se adhiere y recubre las moléculas de grasa. Al pasar al intestino, la mezcla de ambas sustancias se solidifica, impidiendo ser absorbida y evitando que las grasas pasen al torrente sanguíneo.

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Aunque su venta como producto adelgazante es bastante común, una revisión por parte de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) de 2011 ya concluía que no se puede establecer una relación de causa y efecto científicamente probada entre el consumo de chitosán y la pérdida de peso.

Orlistat

El otro se llama orlistat, y es un medicamento que actúa inhibiendo la producción de lipasas gástricas y pancreáticas, unas moléculas que son necesarias para el correcto procesamiento de las grasas de los alimentos, de forma que la absorción de estas se reduce hasta un 30%.

Algunos estudios han demostrado la eficacia del uso de orlistat. En esta revisión de 2011 se concluye que es un medicamento efectivo y bien tolerado que se puede combinar con un cambio en el estilo de vida para conseguir y controlar un peso saludable.

Sin embargo, otros estudios señalan que al comparar una dieta baja en grasas y el uso de orlistat con una dieta cetogénica (en la que se reducen drásticamente los hidratos, pero no las grasas) sin orlistat, es la segunda estrategia la que obtiene mejor resultados, y resulta mucho más conveniente económicamente.

El problema de los medicamentos para adelgazar

Algunas personas padecen problemas de salud relacionados con su peso, ya sea diabetes, problemas cardiacos u otras dolencias. En esos casos, lo recomendable siempre es ponerse en manos de un profesional y seguir sus instrucciones. Deberían ser ellos siempre los que receten y controlen los medicamentos que sean necesarios.

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Para los demás, recurrir a pastillas y similares para adelgazar no es una buena idea: suponen un atajo que en el mejor de los casos nos durará poco tiempo (no hemos hecho un cambio de hábitos real, y por tanto la rutina será difícil de mantener) y en el peor, puede poner en riesgo nuestra salud al alterar los procesos habituales de nuestro cuerpo. Por eso el uso de estos captadores o bloqueadores de grasa no es recomendable.

Además, pueden tener incluso un efecto perverso: que descarguemos sobre ellos todo el cuidado de nuestra dieta y comamos peor por ello. Hay que recordar que estos medicamentos bloquean las grasas, pero no los azúcares, por ejemplo, otro compuesto que aumenta nuestro riesgo de sobrepeso y que afecta de forma negativa a nuestra salud.

Imágenes | Pixabay y Unsplash
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