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Behobia-San Sebastián desde dentro: así hemos vivido los 20 kilómetros más animados de la temporada (y las claves de la carrera)
Carrera

Behobia-San Sebastián desde dentro: así hemos vivido los 20 kilómetros más animados de la temporada (y las claves de la carrera)

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Después de las ocho semanas de entrenamientos que hemos compartido con vosotros desde Vitónica, este pasado domingo llegaba el momento de ponerse el dorsal y darlo todo en una de las carreras más míticas del circuito: la Behobia-San Sebastián. Os contamos cómo ha sido vivir esta carrera desde dentro y cuáles son las claves a tener en cuenta para que lleguéis a meta en perfectas condiciones y con una sonrisa si os apuntáis el año que viene.

Un perfil complicado, pero muy disfrutable

Behobia

La verdad es que el perfil de la Behobia-San Sebastián no es muy favorable a primera vista para los corredores: unas buenas cuestas que ponen a prueba las piernas y glúteos de los runners, y sus consiguientes bajadas que hacen lo mismo con sus rodillas. Aun así, el ganador de la Behobia-San Sebastián 2018, Jaume Leiva, hizo un espectacular tiempo de 01:00:20 (el récord de la prueba lo tiene Alberto Juzdado, con un tiempo de 00:59:23 en la edición de 1999).

Así pues, la Behobia es un sube y baja constante en el que los dos puntos más críticos de la carrera se encuentran en el alto de Gaintxurizketa, en el kilómetro 7, y el alto de Miracruz, en el kilómetro 16. La subida hacia el alto de Gaintxurizketa puede ser la más traicionera para nosotros, ya que prácticamente acabamos de empezar a correr (aunque los primeros kilómetros pican un poco hacia arriba) y estamos frescos: es muy recomendable tomarnos la subida, que es larga, con tranquilidad y reservar para el resto de la carrera.

El alto de Miracruz llega cuando ya llevamos bastantes kilómetros en las piernas: esta subida es más corta, pero con mucho desnivel, de modo que mantener la calma y subir poco a poco, sin desesperarnos, es clave para llegar a la meta en buenas condiciones.

Las bajadas desde los puntos más altos de la carrera son básicas para dejar descansar nuestras piernas y, sobre todo, para recuperar esos segundos de más que hayamos tardado en subir los altos. El hecho de disponer de estos tramos favorables para recuperar tiempo puede ayudarnos a tomarnos las subidas con tranquilidad.

Durante todo el recorrido de la Behobia hay muchos avituallamientos, tanto de agua como de isotónico y fruta: aprovéchalos, sobre todo si las condiciones climáticas no son muy favorables, para llegar a meta en buen estado.

Mi experiencia en la Behobia-San Sebastián 2018

Llegamos a la salida de la Behobia-San Sebastián 2018 con mucha ilusión y muchas ganas de correr en compañía de los más de 26.000 runners que tomaron la salida de la carrera. Sabía que era una carrera multitudinaria y muy popular, pero ver a toda esa gente ordenada en sus cajones preparada para salir y bailando al ritmo de la música impresiona y motiva a partes iguales.

A destacar la organización de la salida, que en muchas otras carreras es uno de los momentos más caóticos: un montón de cajones ordenados por colores y por tiempos, con muchas oleadas para que todos podamos correr muy cómodos, a pesar de que en los primeros kilómetros es inevitable llevar un ritmo un poco más lento.

El clima, que esperábamos algo más fresco, nos jugó alguna mala pasada durante el recorrido: unos 15 o 16 grados de temperatura, viento del sur y nada de lluvia, algo que hizo la carrera un poquito más difícil para todos, ya que el calor se notaba bastante. Fue por ello que se aumentaron los avituallamientos en ruta (yo hice uso de todos ellos, exceptuando el último) e incluso hubo algunas "duchas" de agua vaporizada por el camino, que se agradecieron mucho.

La emoción de los primeros kilómetros personalmente me duró hasta la subida al alto de Gaintxurizketa, sobre el kilómetro 6-7: sabía de sobra que estaba ahí porque me había estudiado bien el recorrido. A pesar de que es una subida en la que ves la cima en todo momento, no supe controlar bien la cabeza, que comenzó con el "run-run" de "¿qué hago yo aquí?". Por suerte llegué arriba, me hidraté bien (empezaba a notar sudores fríos, supongo que por no haberme hidratado bien pre-carrera) y gracias a los ánimos del público y de otros corredores me recuperé y seguí con la carrera.

Ver a tanta gente a lo largo de todo el recorrido es sin duda un subidón de adrenalina: la música, los voluntarios, el público, el pirata del kilómetro 7, los amigos de Reto Dravet en el 16... Todo te lleva hacia la meta. Te empujan tanto (en sentido figurado, claro) que en ocasiones es necesario bajar el ritmo y calmarnos para evitar pagarlo más tarde en la carrera.

Los últimos kilómetros y la entrada en el Boulevard de la Alameda en San Sebastián, cruzando el río Urumea (y los eternos arcos de final de carrera: no os paréis en el primero -ni en el quinto o sexto- porque hay un montón) abarrotada de gente a ambos lados de la carretera, son sin duda una experiencia única que merece la pena vivir si te gusta correr.

El objetivo era terminar, y terminé, con un tiempo discretísimo, eso sí, porque además de ser la más lenta a este lado del Manzanares, me paré en todos los avituallamientos (una de las cosas que entrenaré mucho de aquí a la maratón de Sevilla será aprender a beber en marcha y así no tener que pararme) y también estuve grabando con el móvil. La idea era que la Behobia me sirviera para ver cómo respondían las rodillas ante una distancia media de cara a la próxima maratón (en mi primera maratón el año pasado terminé un poco tocada), así que reto superado.

Behobia-San Sebastián: la carrera en la que el público te lleva a meta

Ya me habían dicho que lo mejor de la Behobia es que no hay un solo kilómetro en el que no haya animación, y que eso (además de un precioso recorrido, todo hay que decirlo) es la verdadera magia de la Behobia, lo que hace que llegues a meta sí o sí. Yo estas cosas al principio como que las escucho de refilón, como ya me pasó con la San Silvestre, pero os puedo asegurar que el público que no cesa desde la salida en Behobia hasta la meta en la Alameda del Boulevard en San Sebastián es lo que te impulsa a seguir hacia adelante.

El recorrido de la Behobia pasa por pequeños pueblos, donde hay muchísima gente en la calle no solo viendo pasar a los corredores, sino animando sin parar desde primera hora de la mañana hasta que llegan los corredores de cola. No solo eso, sino que en los tramos de carretera sigue habiendo gente animando, poniendo música en altavoces enormes, llevando fruta a los corredores... Es una locura la cantidad de gente que te acompaña a lo largo de esos 20 kilómetros: solo por disfrutar de ese ambiente merece la pena correr la Behobia.

Una carrera muy, muy, muy recomendable, con una distancia asequible, un recorrido muy bonito aunque duro y, probablemente, una de las más animadas del circuito nacional donde nunca a lo largo de los 20 kilómetros te sientes solo. ¡Repetiremos seguro!

Imágenes | Lady Fitness en Instagram y Twitter, Behobia-San Sebastián

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