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Todo lo que tienes que saber sobre la dieta macrobiótica antes de ponerla en práctica
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Todo lo que tienes que saber sobre la dieta macrobiótica antes de ponerla en práctica

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De seguro habéis escuchado hablar de la dieta macrobiótica, una propuesta que pretende acercarnos a una alimentación lo más natural posible, permitiéndonos según sus creadores, el logro del bienestar físico y emocional. Sin embargo, su eficacia y seguridad aun es cuestionada por eso a continuación mostramos todo lo que tienes que saber sobre la dieta macrobiótica antes de ponerla en práctica.

En qué consiste la dieta macrobiótica

La dieta macrobiótica está incluida dentro de un sistema religioso fundado por George Ohsawa. Propone una alimentación que tiende al veganismo y donde los alimentos se dividen en Yin y Yang siendo estos últimos los que debemos limitar dentro de los cuales se incluye carnes de todo tipo, aves, café, y comidas saladas

La división de alimentos no obedece a nutrientes sino más bien a la actividad en el universo según la filosofía oriental. Del equilibrio entre alimentos Yin y Yang depende el equilibrio que brinda una dieta adecuada y que permite el logro de bienestar físico y emocional.

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Suele haber diferentes tipos de dieta macrobiótica, pudiendo ir desde aquellas en las que se reducen hasta las que se eliminan ingredientes de origen animal, hasta alternativas aun más estrictas en las que sólo se consumen cereales, agua y algunas frutas o verduras.

Además, en las dietas macrobióticas no se permite el uso de alimentos procesados o de origen industrial, así como tampoco de hierbas y especias varias y de determinadas hortalizas como tomates, berenjena y patatas.

En las propuestas más severas de dieta macrobiótica puede además, restringirse el agua que se consume a diario.

Los beneficios de la dieta macrobiótica

No son pocas las famosas que usan esta dieta para perder peso, y la realidad es que es una dieta muy limitada que por supuesto en sus principios por eliminar alimentos de origen animal puede propiciar una alta ingesta de frutas y verduras y así, reducir considerablemente las calorías consumidas.

Asimismo la propuesta de eliminar procesados y ultraprocesados puede contribuir a reducir sustancias nocivas como harinas refinadas y azúcares añadidos, grasas trans, aceite de palma y sodio que en exceso pueden perjudicar la salud.

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La reducción de alimentos como las carnes rojas y las comidas muy saladas también es un rasgo positivo de la dieta macrobiótica así como el acercamiento que promueven a una alimentación más natural y respetuosa con el medio ambiente.

Estos son rasgos positivos de la dieta macrobiótica que lamentablemente pueden quedar opacados por el carácter estricto de la propuesta.

Los potenciales riesgos de la dieta macrobiótica

La dieta macrobiótica aunque debería adaptarse a las necesidades y condición biológica de cada persona, tiene un fuerte componente espiritual y religioso que fundamenta que al máximo deben restringirse alimentos de origen animal y todo aquello que derive de la industria alimenticia. Por ello, es una dieta estricta que puede producir estrés en nuestro organismo y finalmente, colocar en riesgo nuestra salud.

Por ejemplo, se ha señalado que es una dieta apropiada para prevenir y revertir el cáncer, sin embargo, sabemos muy bien que estas dietas no existen. Si bien la dieta macrobiótica por ser rica en fibra y en hidratos complejos puede ayudar en su prevención, podría ser perjudicial al retrasar el tratamiento oncológico de personas afectadas, propiciar carencias nutricionales y promover una alimentación no compatible con la sociedad y cultura actual dado su carácter inflexible como señala un estudio publicado en 2010.

Por otro lado, en niños una investigación publicada en The American Journal of Clinical Nutrition comprobó que la dieta macrobiótica puede propiciar un retraso en el crecimiento físico y en el desarrollo psicomotor, al ser dificitaria en proteínas, calcio, hierro, vitamina B 12, vitamina D y vitaminas del complejo B. Si bien una adecuada planificación podría ser clave en estos casos, la realidad es que en alternativas más estrictas la dieta macrobiótica sólo se basa en cereales y sólo con este alimento no es posible lograr una alimentación equilibrada.

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El déficit de proteínas, calcio y vitamina D también puede condicionar la salud ósea como indica un estudio realizado con adolescentes, y ello puede incrementar el riesgo de sufrir osteoporosis y fracturas.

Por último, por incrementar el riesgo de sufrir carencia de vitamina B 12 así como de hierro, la dieta macrobiótica podría ser causante de anemias nutricionales y con éstas, problemas más severos como retrasos en el crecimiento y desarrollo, mayor riesgo de sufrir infecciones y demás.

Y si pensamos en personas físicamente activas, la dieta macrobiótica puede ser verdaderamente desaconsejada, pues restringir el agua y representar un riesgo para la hidratación del organismo, así como limitar alimentos sanos como el huevo, las verduras y frutas e incluso en niveles avanzados las legumbres puede ser realmente nocivo cuando se necesitan grasas sanas y proteínas para reparar estructuras.

Sin duda la dieta macrobiótica es una dieta muy severa e inflexible, sobre todo en sus formas más extremas y por eso, conlleva numerosos efectos secundarios que no son compensados por sus posibles beneficios.

Bibliografía consultada | Nutrition in Clinical Practice, Volume: 25 issue: 6, page(s): 621-626; The American Journal of Clinical Nutrition, Volume 59, Issue 5, 1 May 1994, Pages 1187S–1196S, https://doi.org/10.1093/ajcn/59.5.1187S; Journal of Bone and Mineral Research, Volume 12, Issue 9, September 1997, Pages 1486–1494; y The American Journal of Clinical Nutrition, Volume 69, Issue 4, 1 April 1999, Pages 664–671, https://doi.org/10.1093/ajcn/69.4.664.
Imagen | Unsplash, Wikimedia Commons, Pixabay y Pexels

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