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Madres estresadas, hijos obesos

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Hace pocos días atrás hablamos de porqué el estrés genera un aumento de peso a expensas de la mayor concentración de grasa en el organismo.

Pero, un niño de menos de 10 años de edad, ¿puede sufrir estrés? Pues la respuesta es afirmativa, ya que por medio de las madres, los pequeños resultan afectados y buscan como vía de escape a los problemas del hogar la comida, que lamentablemente, es poco saludable.

El estudio estadounidense afirma que el mayor estrés lo sufren las familias de menores recursos económicos, debido a la carga laboral, los problemas de dinero, la mala cobertura de salud y otros factores.

Así, cuando el hogar es de escasos recursos económicos pero la disponibilidad de alimentos es suficiente, los niños tienen mayores probabilidades de padecer sobrepeso u obesidad.

El alimento funciona como un recurso para canalizar las tensiones que se viven en el hogar asociadas al estrés.

Los niños más afectados son los que poseen entre 3 y 10 años de edad, porque los de mayor edad pueden encontrar refugio a los problemas del hogar, fuera de este, con amistades u otras actividades, mientras que los menores son los que suelen permanecer junto a sus padres y recibir las consecuencias negativas de su estrés.

El estrés puede afectar no sólo a la persona que lo padece, sino también, a los menores que le rodean. Por lo tanto, es de fundamental imortancia actuar al respecto.

Si bien mucho no podemos hacer en cuanto a la economía y los problemas asociados a ésta, sabemos que existen formas más sencillas de combatir el estrés, como por ejemplo, salir a caminar, jugar junto a los niños, realizar otro tipo de actividad física, adquirir una mascota y descansar lo suficiente.

Es preocupante la situación que vivimos, porque la crisis económica generalizada va de la mano con una paradoja nutricional: los hogares más humildes resultan más afectados por la obesidad infantil.

Esta desnutrición oculta que se caracteriza por falta de vitaminas y minerales al mismo tiempo que existe un exceso de grasa corporal y peso, es fruto de la falta de políticas y programas que colaboren con los hogares más afectados.

Recuerden que el estrés y la ansiedad que padecemos los adultos puede afectar a quienes nos rodean, además, al no poder cuidar los hábitos de los pequeños, éstos influyen negativamente en su alimentación pudiendo generar un exceso de peso a corto plazo.

Por ello, nos merecemos, y los niños se merecen, que los adultos tengan un respiro, un momento de relajación, de actividad física o simplemente un descanso que permita relajar tensiones.

Cuidar nuestra salud significa cuidar de las generaciones futuras, ya que los niños son más que el fruto de la genética, y resultan afectados por el ambiente y los hábitos instruidos desde pequeños por sus padres.

Vía | La Nación En Vitónica | Lo mejor para la obesidad infantil: la actividad física En Vitónica | Continúa la mala alimentación de los niños españoles, ¿culpa de los padres o de la sociedad? En Vitónica | Ambiente obesogénico: otra forma de entender la obesidad

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