Aunque lo hayas leído en la prensa, no es cierto: una copa de vino no equivale a una hora de gimnasio

Aunque lo hayas leído en la prensa, no es cierto: una copa de vino no equivale a una hora de gimnasio

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Santiago Campillo

Colaborador

Licenciado en Biología, divulgador científico y autodidacta a tiempo parcial. Gentilhombre del S. XXI. La Comunicación Científica es mi pasión y también mi profesión cuando se deja. Inquieto por naturaleza, cómodo por vicio y creativo por enfermedad.

La frase no es nueva: "un vaso de vino, pero tinto, ¿eh?, equivale a una hora de gimnasio". Por supuesto, sentimos no cumplir tus expectativas, esto no es ni remótamente cierto. A pesar de ello, muchos medios de comunicación se hicieron, y todavía lo hacen de vez en cuando, eco de esta afirmación.

¿En qué se basa? ¿De dónde viene? ¿No tiene nada cierto? Es mejor que entendamos todos los aspectos relacionados con este tema, que no son pocos. Este es un claro ejemplo de reverberación mediática, sin base científica, que sigue haciendo estragos a día de hoy.

La copa de vino como panacea

Una copa de vino al día hace de todo, dice el fuero popular: "es buena para el corazón", "es buena para la salud", "es buena para el espíritu"... El mito de la copa de vino está extendidísimo. Tiene propiedades casi mágicas, en el acervo popular. La cuestión es que la ciencia ha tratado de desvelar si tales beneficios son reales o no.

Para ello ha buscado la implicación del resveratrol, de diversos polifenoles antioxidantes y de otras sustancias procedentes de la uva. Resumiendo muchísimo el asunto, lo que se sabe hasta la fecha es que de estas moléculas, los beneficios que se extraen son solo en modelos animales, aplicados directamente y en circunstancias concretas.

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No, nadie ha demostrado que tomar una copa de vino sea buena para las ratas, por ejemplo. Lo que se ha observado es que algunos de los estilbenoides, como el propio resveratrol, o los polifenoles son capaces de producir efectos positivos como agentes administrados en modelos biológicos. Pero aquí es donde nos encontramos el primer problema.

No es lo mismo que una sustancia tenga implicaciones fisiológicas beneficiosas para una rata en condiciones de laboratorio, administrándola en situación controlada, que la sustancia presente en una mezcla como el vino sea capaz de ejercer ese mismo efecto después de ser ingerida. Y ya, si hablamos de seres humanos, en los que no hay prueba alguna, la relación es poco más que una fantasía.

¿Un gimnasio en tu botella?

Pero vayamos a la afirmación de que equivale a una hora de gimnasio. Todo comienza con este estudio de 2012, citado a lo largo de los años una y otra vez por los medios de comunicación. En él, como decíamos, se comprobó que, en ratas, el músculo esquelético mejoraba con la administración de resveratrol mientras hacían ejercicio.

Dejando de lado las cuestiones metodológicas, o el hecho de que el estudio sea el único y de hace siete años, de las conclusiones de este estudio a decir que "una copa de vino equivale a una hora de ejercicio" es tan ridículo como decir que el café cura el cáncer. No lo cura, obviamente.

La cuestión parece haberse desbordado y repetido de un medio a otro, porque no existen fuentes científicas que justifiquen semejante interpretación. De hecho, ni siquiera existe un aval para decir que este efecto observado en ratas también actúa en seres humanos. Hasta donde sabemos, aunque las ratas y ratones son uno de los modelos más usados en ciencia, no son exactamente como los seres humanos.

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Pero es que si nos ponemos serios, ¿qué beneficios tiene la actividad física? Además de las segregación de hormonas y activación del sistema de recompensa, el ejercicio físico, o una hora de gimnasio, nos trae, a medio y largo plazo, la posibilidad de reducir el riesgo de enfermedades, mejora la capacidad cardíaca así como la posibilidad de sufrir ataques al corazón. También mejora los problemas asociados a la hipertensión, o ayuda contra la depresión. Incluso puede ayudarnos a mejorar la calidad del sueño.

Por supuesto, ir al gimnasio es una medida para combatir la diabetes y todas las enfermedades asociadas, incluyendo la obesidad, que es la mayor epidemia mundial a día de hoy. La actividad física, incluso para aquellos que no hacen deporte, puede salvar vidas, y mejorar su calidad. ¿Hace todo eso una copa de vino al día? En el caso más optimista del mundo, y faltando bastante a la verdad: no, ni aun así. Por lo tanto, la afirmación no tiene ni pies ni cabeza.

Y encima, el alcohol

La OMS y los dietistas nutricionistas están hartos de decirlo: no existe ni una sola cantidad mínima de alcohol segura. Eso no quiere decir que tomar alcohol provoque cáncer. Lo que significa es que no puedes tomar ninguna cantidad de alcohol sin que eso suponga un peligro potencial de que ocurra. Ni una sola prueba, ni una sola evidencia científica, demuestra lo contrario.

Por tanto, la afirmación anterior, no solo es falsa, sino que además promueve el consumo de una sustancia que es potencialmente peligrosa. No nos engañemos, cada cual puede tomar lo que quiera, por supuesto. Por ello existen cientos o miles de sustancias potencialmente peligrosas y que consumismos todos los días: azúcar, tabaco, grasas...

Pero una cosa es consumir siendo conscientes del peligro (porque aporta otro "beneficio", según nuestra consideración particular) y otra muy distinta es desinformar y creer que algo es bueno cuando no lo es. El de "la hora de gimnasio" es un ejemplo perfecto de como la desinformación puede permanecer en el tiempo provocando daño a pesar de que sea una afirmación que no se sostenga ante la más mínima revisión.

Imágenes | Unsplash

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