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La siesta en verano: estos son los beneficios sobre la salud de uno de los mayores placeres

La siesta en verano: estos son los beneficios sobre la salud de uno de los mayores placeres
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La siesta es una cosa muy española. Dormir a ratos cortos, normalmente después de la comida, tiene un sinfín de consecuencias positivas, dice el acervo popular. ¿Pero estamos ante una realidad? Parece ser que sí. Los pequeños descansos podrían ayudarnos a mejorar muchos aspectos fisiológicos.

Desde la regulación del sistema inmune a un metabolismo más dinámico, pasando por el estado de ánimo o de alerta, las bondades de la siesta parecen casi demasiadas. Pero, como todo, es mejor tomarse estas cuestiones con tranquilidad y no sobreestimar a la ligera.

Sí, la siesta tiene beneficios, según la ciencia

Efectivamente, dormir la siesta ha sido estudiado en numerosas ocasiones. Dejando de lado a los más pequeños, de quienes sabemos a ciencia cierta que la siesta es positiva y necesaria, los estudios con adultos han mostrado la capacidad de mejorar nuestras habilidades cognitivas . En otras palabras, acelerar el tiempo de reacción y la velocidad de procesamiento de las tareas a acometer.

También existen evidencias de que la siesta ayuda a la ganancia muscular. Un sueño reparador es bueno para la generación de masa muscular, y eso no obvia a la siesta. Metabólicamente, el sueño también tiene sus implicaciones positivas. El sistema inmunitario es uno de los factores que se ve influenciado positivamente por la siesta, especialmente cuando existen problemas de sueño.

En definitiva, existen muchas razones para pensar que, efectivamente, la siesta es positiva para el ser humano. Eso sí, cuando hablamos de siesta hablamos de un pequeño descanso, de entre 15 y 30 minutos, durante el día. Y es que no todo puede considerarse positivo en el tema de la siesta.

No es siesta todo lo "que reluce"

Al igual que hay confirmación de algunos efectos positivos, con la siesta también pueden llegar algunos problemas. Por ejemplo, dormir más de una hora durante el día se asocia con problemas metabólicos o con diabetes. Esto tiene una razón clara: demasiado sedentarismo es siempre malo.

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Como ocurre con otros aspectos, la cuestión no es la siesta, sino cuánta siesta. Este es uno de los principales problemas de estudiar esta plancentera actividad. ¿Hasta dónde podemos considerar un sueño diurno como siesta? ¿Bajo qué circunstancias? Existen muchos menos estudios de los que nos gustaría admitir dirigidos sobre esta cuestión, y una de las razones es esta: no sabemos bien cómo estudiarla.

Así, mientras que algunos estudios apunta a que la siesta es capaz, incluso, de reponer las necesidades no cubiertas de una noche sin descanso (algo que todos hemos sufrido en nuestras carnes), lo cierto es que tampoco sabemos por qué. Además de no saber definir adecuadamente qué entra dentro de siesta y qué no, tenemos otro problema principal: no sabemos cómo funciona.

El sueño, ese gran desconocido

En realidad, aunque tenemos muchísimos datos, sabemos muy poco sobre el sueño. Cada persona tiene necesidades distintas. Aunque la OMS recomienda dormir entre siete y ocho, para los adultos, estas cifras están obsoletas. Lo más importante, a la luz de las últimas investigaciones, es un sueño de calidad, más que el tiempo de sueño. Un sueño de calidad se identifica por caer dormidos pronto, en menos de 30 minutos, plácidamente, despertando solo unas pocas veces en la noche y con menos de 20 minutos de vigilia. Además, el sueño debe ser profundo durante un periodo importante de la noche.

Esto también puede aplicarse a la siesta, en muchas ocasiones. ¿Podemos decir que la siesta entra dentro de la categoría "sueño de calidad". Es difícil de definir. Pero sí que cumple, en muchas ocasiones, con las funciones del mismo. Las fases del sueño se dividen en un ciclo según el estado en el que se encuentra nuestro cerebro. Hace falta entre 45minutos y una hora de sueño en fase tres por noche para sentirnos descansados por la mañana.

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¿También cumplimos con dicho ciclo durante la siesta? Está claro que no alcanzaremos los 45 minutos necesarios de fase tres. De hecho, si pasamos suficiente tiempo dormidos, probablemente provoquemos un problema, como el que decíamos. En otras palabras, aunque sabemos mucho, no es suficiente para entender el sueño y todo su papel en nuestra salud, y mucho menos la siesta.

Bonus: la "power nap"

Dentro de este ámbito de desconocimiento, sí que tenemos evidencias de una cuestión que aúna dos placeres magníficos: el café y la siesta. Efectivamente, el café es un estimulante. Sin embargo, su acción comienza a hacer efecto a partir de la media hora. Según los estudios, la cafeína administrada justo antes de una siesta nos ayuda a tener una mayor capacidad cognitiva, a estar más despiertos, y sentirnos más descansados.

En concreto, 150 gr de cafeína y una siesta de 15 minutos parece la combinación más positiva. El mecanismo tras esto, indican los investigadores, podría estar en su forma de actuar sobre el sistema nervioso, que ayuda durante la siesta a prepararlo para un estado de mayor alerta. Por tanto, tomar una taza de café antes de la siesta podría ser un buen remedio para el cansancio de media tarde.

Este sistema se conoce como "power nap", o "stimulant nap", y en ningún caso llega al sueño profundo, dentro del ciclo del sueño. Aun así, a pesar de lo prometedor de estos estudios, la "power nap", como el resto, todavía tiene que ser mejor estudiada, como todo lo que tiene que ver con la siesta.

Imágenes | Unsplash

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