Durante mucho tiempo, los sofocos, dormir peor o la sequedad vaginal parecían formar parte de ese grupo de molestias que tocaba asumir a las mujeres al llegar a cierta edad, pero algo está cambiando.
“Hace quince años era anecdótico recibir una consulta por síntomas de la menopausia”, explica la ginecóloga Cristina García Casals, del Hospital Materno Infantil de A Coruña, en una entrevista a La Voz de Galicia. Hoy cada vez más mujeres acuden a consulta porque esos síntomas interfieren con su día a día y quieren saber qué opciones tienen.
La menopausia no se vive igual en todas las mujeres. Algunas apenas presentan molestias y otras atraviesan durante años sofocos, sudores nocturnos, alteraciones del sueño, cambios del estado de ánimo y más problemas que pueden afectar a su calidad de vida.
El síntoma más frecuente: los sofocos
La menopausia se establece cuando han transcurrido 12 meses consecutivos sin menstruación. Antes existe una etapa de transición, la perimenopausia, que puede durar varios años y durante la cual ya pueden empezar muchos de los síntomas.
“El síntoma más frecuente sigue siendo el sofoco. Es lo que más incapacita o lo que más afecta a la vida diaria”, explica la ginecóloga García Casals. De hecho, se estima que 8 de cada 10 mujeres los experimentarán en algún momento de este periodo de transición.
Pero los síntomas no se limitan a los sofocos. Problemas de sueño, sequedad vaginal, alteraciones del estado de ánimo o cambios en la función sexual también pueden aparecer.
No todas la mujeres con menopausia necesitan tratamiento
Otro de los grandes cambios de los últimos años está en la forma de abordar la menopausia a través de la terapia hormonal.
“Estos tratamientos se tienen que administrar de manera individualizada. No todas las mujeres que tienen la menopausia necesitan un tratamiento”, señala García Casals.
La edad, los síntomas, antecedentes médicos y familiares o el riesgo cardiovascular y trombótico son algunos de los factores que deben valorarse antes de decidir si apostar o no por este tipo de tratamiento.
Llegar con músculo y huesos fuertes también cuenta
Hay otra parte del abordaje de la menopausia que no suele venir en ninguna caja de medicamentos: “La alimentación y el ejercicio de fuerza”. Así responde García Casals cuando le preguntan por los hábitos que considera más importantes durante esta etapa.
El descenso de estrógenos que acompaña a la menopausia coincide con cambios en la composición corporal, la masa ósea y la masa muscular. Eso hace que mantener músculo y estimular el hueso cobre todavía más importancia.
El entrenamiento de fuerza no evita la menopausia ni elimina por sí solo todos sus síntomas, pero sí permite actuar sobre algunas de las consecuencias que acompañan al envejecimiento y a esta transición hormonal como conservar fuerza y músculo, mantener la capacidad funcional y estimular el tejido óseo.
No todas las mujeres van a necesitar tratamiento y no todos los síntomas necesitan medicación. Algunas encontrarán suficiente alivio mediante determinados cambios de hábitos; otras necesitarán tratamientos específicos y, en determinadas mujeres, la terapia hormonal puede ser una opción.
Pero normalizar que una mujer tenga que convivir durante años con síntomas que deterioran claramente su descanso, su vida sexual o su bienestar es algo distinto.
Referencias
Armeni, E., Lambrinoudaki, I., Ceausu, I., Depypere, H., Mueck, A., Pérez-López, F. R., Schenck-Gustafsson, K., Simoncini, T., Tremollieres, F., & Rees, M. (2023). Vasomotor symptoms and risk of cardiovascular disease in peri- and postmenopausal women: A systematic review and meta-analysis. Maturitas, 171, 13–20. https://doi.org/10.1016/j.maturitas.2023.02.004
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