Seguro que conoces a alguien que, cuando le llevas la contraria con buenos argumentos, se para a escucharte y acaba cambiando de opinión, y también a quien se aferra a lo suyo pase lo que pase. La diferencia en estas actitudes puede estar relacionada con más empatía e inteligencia, aunque las pruebas respaldan mejor la segunda parte que la primera.
¿Qué significa tener la mente abierta?
Una ficha de 2004 de Authentic Happiness, la web de psicología positiva de la Universidad de Pensilvania, define una de estas actitudes como la disposición a buscar activamente pruebas contra nuestras propias creencias y a valorarlas con justicia. Lo contrario es lo que esa ficha llama sesgo del lado propio, la tendencia a buscar e interpretar la información de forma que nos dé la razón. Y es que tener la mente abierta no significa cambiar de idea como de camisa, porque una persona abierta puede tomar una postura firme después de sopesar las alternativas.
Pero lo más estudiado es la inteligencia. El psicólogo Mark Travers explica en un artículo sobre las personas inteligentes que la apertura a nuevas ideas puede predecir de forma fiable una alta capacidad cognitiva, porque quienes la tienen buscan pruebas que desafíen sus creencias en lugar de confirmarlas. Su subtítulo lo resume en que las personas inteligentes “no saben cómo tener razón, saben cómo equivocarse”, y Travers añade que cambiar a menudo de opinión puede ser señal de un pensamiento más profundo.
Ahora, se trata de una correlación. La ficha de Authentic Happiness recoge que estas personas puntúan mejor en pruebas de capacidad cognitiva, pero advierte de que no sabemos si la apertura hace a alguien más listo o al revés.
Flexibles, humildes, curiosos y algo más empáticos
El Comercio les atribuye varios rasgos. Uno es la flexibilidad cognitiva, la capacidad de aparcar las propias convicciones para escuchar argumentos ajenos, que va de la mano de la humildad intelectual (asumir que lo que sabemos es limitado y que podemos equivocarnos). De hecho, Travers cita un estudio de 2019 según el cual tanto la inteligencia como la flexibilidad cognitiva predicen esa humildad.
También destacan la curiosidad y la tolerancia a la ambigüedad. Según el mismo artículo de Psychology Today, la curiosidad intelectual es la faceta de la apertura que más se relaciona con la inteligencia, y saber convivir con la incertidumbre forma parte de ese pensamiento abierto.
Queda la empatía, donde el respaldo flojea. En un estudio con 530 estudiantes de Medicina chinos, la apertura a la experiencia se asoció de forma modesta con la toma de perspectiva, mientras que la preocupación empática dependía sobre todo de la amabilidad, y todo con cuestionarios autoinformados. Vamos, que en ese trabajo la apertura tenía más que ver con entender el punto de vista ajeno que con sentir lo que sienten los demás.
Foto | Kate Bezzubets
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