Los entrenadores coinciden: "Uno de los errores más frecuentes es creer que solo perdemos masa muscular cuando somos mayores. En realidad, podemos empezar mucho antes sin darnos cuenta"

La pérdida de músculo puede comenzar durante la edad adulta y avanzar progresivamente, aunque el entrenamiento de fuerza permite combatirla incluso cuando llevamos años sin hacer ejercicio

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Redacción Vitónica

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Aunque la pérdida de masa muscular suele asociarse con las personas mayores, nuestro cuerpo puede empezar a experimentar cambios bastante antes. No siempre resultan evidentes, así que una vida sedentaria y la falta de estímulos musculares pueden favorecer la disminución progresiva de la fuerza y del tejido muscular con consecuencias que terminan afectando a nuestra movilidad y autonomía.

Marina Rivas, Health Coach de Clínica Neleva, advierte que uno de los errores habituales es pensar que este problema solo aparece durante la vejez. La especialista, que también comparte su enfoque sobre hábitos saludables en su página profesional, aprovecha ese espacio para recordar la importancia de cuidar nuestro cuerpo a través de rutinas que podamos mantener a largo plazo.

A qué edad empezamos a perder masa muscular y cómo podemos evitarlo

Pese a que no existe una edad exacta a partir de la cual empezamos a perder músculo, el deterioro puede empezar durante la edad adulta y hacerse más pronunciado conforme envejecemos. De hecho, una revisión científica publicada en Journal of Applied Physiology encontró diferencias importantes en el tamaño de distintos grupos musculares al comparar personas jóvenes y mayores, pero hay que decir que la magnitud de esa reducción variaba según el músculo estudiado.

En este escenario, la pérdida progresiva de músculo resulta ultra relevante porque este tejido participa en funciones que van mucho más allá del movimiento. Así, interviene en el metabolismo de la glucosa y contribuye a mantener nuestra capacidad física, lo que significa que, cuando disminuye, actividades cotidianas como subir escaleras, cargar bolsas o levantarnos de una silla pueden volverse más difíciles.

Lo más positivo es que el músculo conserva su capacidad de adaptación al entrenamiento incluso a edades avanzadas. Por ello, incorporar ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana utilizando máquinas, mancuernas, bandas elásticas o nuestro propio peso corporal puede ayudarnos a mantenerlo. De esta forma, lo importante es adaptar las cargas a nuestra condición física y aumentarlas progresivamente.

En definitiva, esperar hasta los 60 o 70 años para empezar a preocuparnos por nuestra musculatura es una de las peores estrategias que podríamos seguir. Si queremos mantenernos físicamente activos, consumir suficientes proteínas y descansar adecuadamente son hábitos que contribuyen a conservarla. No obstante, el objetivo no debería limitarse a tener un cuerpo más musculado, sino a llegar a edades avanzadas con la mayor fuerza e independencia posibles.

Foto | Canva

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