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Los lácteos no son imprescindibles en tu alimentación (pero puedes tomarlos si te apetece)
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Los lácteos no son imprescindibles en tu alimentación (pero puedes tomarlos si te apetece)

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En los últimos días se está hablando mucho en los medios y en las redes sociales sobre el hecho de si los lácteos son o no imprescindibles en una dieta saludable. Está claro que la leche y sus derivados son ricos en nutrientes como el calcio o la vitamina D, especialmente importantes para la salud ósea, pero ¿hace esto que sea obligatorio tomarlos en nuestro día a día? Analizamos qué nos dicen las guías de alimentación y los nutricionistas sobre esta controversia.

El origen de la reciente controversia con los lácteos

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Los estudios de los que disponemos hasta la fecha no han sido capaces de dar una sentencia firme sobre si la leche y los lácteos son beneficiosos o son perjudiciales para nuestro organismo. La mayoría de dichos estudios nos dan resultados poco concluyentes sobre el tema, de modo que ni siquiera la comunidad científica se pone de acuerdo en estos términos.

El consumo de leche en España ha caído en un 27% desde el año 2000

Lo que sí sabemos es que el consumo de leche se ha reducido drásticamente en nuestro país en los últimos años: en 2015 ya había descendido un 15%, bajando un 5% más en 2015 y alcanzando el 27% en la actualidad. Esto puede deberse a una corriente de pensamiento reciente que apuesta por la eliminación de los lácteos de la dieta, y también por el creciente número de diagnósticos de personas intolerantes a la lactosa (entre un 30 y un 50% de la población, según la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia).

En los últimos días ha aparecido una campaña en los medios que nos insta a tomar, por lo menos, tres lácteos diarios. Se trata de una campaña promovida por INlac (Interprofesional del Sector Lácteo, es decir, las empresas fabricantes de lácteos en España) y apoyada por el Ministerio de Agricultura y la Comisión Europea para "frenar la caída de la ingesta de productos lácteos", según informa El Confidencial.

¿Se trata entonces de una pura campaña de márketing o son los lácteos imprescindibles en nuestra alimentación?

Las razones para incluir lácteos en nuestra dieta

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La leche es un alimento con una gran cantidad de nutrientes que puede tener cabida en nuestra alimentación. Entre otras cosas el consumo de leche realiza un buen aporte de minerales: calcio (entre 120 y 125 miligramos por 100 mililitros de leche, dependiendo de si es entera, semi o desnatada), fósforo (unos 100 miligramos por 100 mililitros de leche) y potasio (entre 145 y 150 miligramos por cada 100 mililitros de leche). Además, también nos ofrece proteínas de alto valor biológico (aproximadamente 3 gramos de proteínas por cada 100 mililitros de leche).

La leche también nos aporta vitaminas como la vitamina A, relacionada con el crecimiento y la visión, y la vitamina D, importante para asegurarnos la absorción del calcio en nuestro organismo.

La leche y los lácteos nos aportan buenas cantidades de calcio y vitamina D, entre otros

Tradicionalmente la leche y los lácteos se han asociado al correcto crecimiento y a la salud de los huesos, haciendo especial hincapié en su consumo en determinadas edades en las que este tema nos preocupa más como puede ser la infancia y la adolescencia (cuando todavía estamos creciendo) y la menopausia en el caso de las mujeres (cuando es frecuente que aparezca la osteoporosis).

Como hemos dicho, la leche y los derivados lácteos nos aportan vitaminas y minerales que pueden contribuir a la salud de nuestros huesos y a nuestro crecimiento, pero ¿los convierte esto en imprescindibles?

Otras fuentes alternativas de calcio y vitaminas

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La leche y derivados lácteos podrían ser imprescindibles si fueran la única fuente de estos minerales y vitaminas en nuestra alimentación. No solo no es el caso, sino que además contamos con otros alimentos de fácil acceso (que podemos encontrar en cualquier mercado o supermercado y de producción local) que contienen mayores cantidades de estos micronutrientes que la leche.

Alimentos como los berros, los garbanzos o los pistachos contienen, en proporción, más calcio que la leche

En el caso del calcio, que parece ser el mineral estrella de la leche y los lácteos, hay bastantes alimentos que lo contienen en mayor cantidad que la leche: 100 gramos de berros contienen 220 miligramos de calcio (casi el doble de lo que contiene la misma cantidad de leche), 100 gramos de garbanzos contienen 145 miligramos de calcio y 100 gramos de pistachos contienen unos 135 miligramos de calcio. Aquí tenéis un listado con unos cuantos alimentos más que tienen más calcio que la leche.

En cuanto a la vitamina D, que nos ayuda a fijar el calcio, también hay muchos alimentos que la contienen en mayor proporción que la leche: un gran número de pescados, entre ellos el salmón, las sardinas, el congrio o la palometa, además de otras fuentes como el aceite de hígado de bacalao.

También debemos tener en cuenta que hay muchas personas, entre ellas los veganos, que no consumen leche ni derivados lácteos y viven una vida saludable: los lácteos no son imprescindibles para llevar una dieta sana.

¿Quiere esto decir que no tengo que tomar lácteos?

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No: podemos tomar leche y lácteos siempre que no nos sienten mal y que sean de nuestro agrado. Las guías nutricionales de la Universidad de Harvard incluyen una recomendación de consumo de lácteos máxima de dos porciones diarias. Esto, como recuerda el dietista-nutricionista Aitor Sánchez de Mi Dieta Cojea en esta entrevista, son recomendaciones con una base científica y no vienen de la industria láctea.

También conviene recordar, como apunta Sánchez en la misma entrevista, que hoy en día tendemos a entender "lácteo o derivado lácteo" no solo como leche, sino como productos ultraprocesados que encontramos en el supermercado y que rara vez son saludables: batidos, helados con base de leche, postres lácteos azucarados (natillas, yogures...) e incluso bollería industrial que contiene el claim "rico en calcio" o "contiene calcio" como aseveración saludable.

Si los lácteos no suponen un problema para nuestro organismo, si nos sientan bien (no somos intolerantes a la lactosa o no tenemos alergia) y si nos gustan, podemos incluirlos en nuestra alimentación buscando siempre fuentes saludables (leche entera, yogur natural, queso fresco) y conociendo las recomendaciones basadas en la ciencia.

Imágenes | INlac, iStock
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