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Me duele la rodilla cuando corro: dime dónde sientes dolor y te diré de qué posible lesión se trata
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Me duele la rodilla cuando corro: dime dónde sientes dolor y te diré de qué posible lesión se trata

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Existen numerosos problemas asociados a las articulaciones motoras. La rodilla, entre ellas, es una de las partes más afectadas por diversos tipos de lesiones. Y algunas podemos tratar de identificarlas por el dolor y su aparición.

Estas no son todas las lesiones que podrían aparecer, ni mucho menos, pero conocer estas manifestaciones nos ayudará a decidirnos por acudir, cuanto antes, al especialista para tratar y paliar sus consecuencias.

Condromalacia rotuliana: el desgaste del cartílago

Como su nombre indica, la condromalacia es un desgaste del cartílago. En concreto, del cartílago que recubre la rótula, y suele aparecer por desgaste articular, en la mayoría de los casos, aunque también puede aparecer por enfermedades o, incluso, por sedentarismo. La condromalacia se suele manifestar con un dolor en la cara anterior de la rodilla, y aparece o se intensifica al hacer deporte.

También aumenta cuando la rodilla permanece un buen rato flexionada, como al conducir, al estar mucho tiempo sentado con la pierna recogida, al agacharnos... Además del dolor, la condromalacia también lleva una sensación de rigidez asociada que se identifica por la dificultad de mover la pierna. Para terminar de acotar la lesión, muchas veces se producen roces y chasquidos de la rótula sobre el fémur, señal de que el cartílago no está presente.

Cintilla iliotibial o "rodilla del corredor"

La cintilla iliotibial es una parte del músculo tensor de la fascia lata y su principal función es la abducción, la separación, de la cadera además de la estabilización de la rodilla por su cara externa. Este síndrome es una tendinitis producida en esta cintilla, que muchas veces aparece junto a una bursitis o hinchazón de la bursa de la rodilla. Este síndrome puede aparecer por un exceso de pronación.

El síndrome de fricción de la banda iliotibial, también llamado síndrome de la rodilla del corredor, se manifiesta como un dolor punzante en la cara externa de la rodilla. Este es más doloroso cuando la pierna golpea el suelo o cuando se encuentra totalmente extendida, dándonos la pista de que es la cintilla la que está recogiendo el esfuerzo sin encontrarse en buen estado. El dolor puede aparecer al poco de correr y/o al subir y bajar las escaleras.

Tendinitis rotuliana o "rodilla del saltador"

Al igual que el síndrome de la cintilla, la tendinitis rotuliana tiene nombre propio, "de saltador", y es una tendinitis, como su nombre indica. Esta es una de las lesiones de esta articulación que se dan con mayor frecuencia en deportistas. Normalmente, se produce por los microtraumatismos repetitivos, como los que se producen al saltar de forma reiterada o correr sobre superficies duras.

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La "rodilla del saltador" se manifiesta con cierta rigidez dificultad para estirar la pierna, especialmente al agacharnos, saltar y sentarnos. También se caracteriza por un dolor en la parte posterior de la rótula y el cuádriceps, dolor al flexionar la rodilla, sensación de debilidad en la pierna y, en ocasiones, pérdida de equilibrio e inflamación de la parte inferior.

Ligamento cruzado anterior, lesión por esguince o desgarro

El ligamento cruzado es uno de los componentes esenciales en la estructura de la rodilla, dedicado a la estabilización de la misma. En ocasiones, debido al pivotaje veloz, a una arrancada brusca o a un esfuerzo repentino, este ligamento puede sufrir un esguince o, mucho peor, un desgarro. Normalmente, este suceso suele darse de golpe y se aprecia un chasquido fuerte en la rodilla.

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De pronto, aparece un dolor muy fuerte y la incapacidad para continuar con la actividad deportiva. También cursa con una hinchazón rápida y dolor ardiente. Además, se pierde mucha capacidad de movimiento y, al tratar de mantener el peso, el cuerpo no lo aguanta y cede, pudiendo perder el equilibrio.

En el caso del esguince, estos síntomas son más progresivos, pero similares, y pueden terminar con un desgarro que nos impida el movimiento durante seis meses o más. En el peor de los casos, tendremos que pasar por cirugía. Por ello, ante la más mínima duda, lo mejor es no poner a prueba la estabilidad del ligamento.

¿Qué hago si noto alguno de estos síntomas?

Lo primero y más importante: parar de hacer el ejercicio que estemos realizando. Con mucho cuidado y tranquilidad, deberemos retornar al reposo. En el caso de dolor e hinchazón podemos aplicar hielo para rebajarlo. Inmediatamente después, o lo antes posible (dependiendo del tipo de lesión), deberemos acudir a un especialista.

Algunas de estas lesiones puede reducir sus consecuencias con la prevención adecuada. En otras, como en el caso del desgarro de ligamento, el problema puede ser mucho más grave y podríamos tener que pasar por una intervención quirúrgica. Por eso, lo mejor es no vacilar y acudir cuanto antes al médico.

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